
Recibido:09/12/2025 Aprobado:10/01/2026
Vol.6 N|1
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DOI: https://doi.org/10.70208/3007.8245.v6.n1.325
El poder de las palabras: cómo cambiar el lenguaje interno mejora la
inteligencia emocional
Edgar Jonatan García Borja
egarcia@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0001-8600-9625
Universidad Técnica de Machala
Machala, Ecuador
Dirck Gregorio Santos Imaicela
dsantos4@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0007-0513-8569
Universidad Técnica de Machala
Machala, Ecuador
Britany Fernanda Tandazo Castillo
btandazo1@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0009-4294-5399
Universidad Técnica de Machala
Machala, Ecuador
Naomi Paulette Luzón Eugenio
nluzon2@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0008-1318-2006
Universidad Técnica de Machala
Machala, Ecuador
Jenner Damian Ortiz Fernández
jdortizfernandez@gmail.com
https://orcid.org/0009-0006-3244-3983
Universidad Técnica de Machala
Machala, Ecuador
RESUMEN
El lenguaje interno constituye un factor determinante en el desarrollo emocional de los estudiantes
universitarios. Este estudio descriptivo tuvo como objetivo describir las percepciones sobre el lenguaje
interno y su relación con los componentes de la inteligencia emocional en 192 estudiantes de
Psicología Clínica. Se aplicó un cuestionario estructurado tipo Likert de 10 ítems y se analizaron
frecuencias absolutas y relativas mediante estadística descriptiva. Los resultados evidenciaron una alta
prevalencia de diálogo interno compasivo, destacando niveles elevados de automotivación y
habilidades sociales (76%), así como un adecuado manejo de la regulación emocional. Se identificó
coherencia entre lenguaje interno positivo y mayores niveles de inteligencia emocional percibida. Se
concluye que el diálogo interno es un recurso transformador para el bienestar psicológico y se sugiere
integrar estrategias de modificación del lenguaje interno en programas de formación universitaria.
Palabras clave: lenguaje interno, inteligencia emocional, autocompasión, regulación emocional,
bienestar psicológico

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The power of words: how changing internal language improves emotional
intelligence
ABSTRACT
Internal dialogue is a determining factor in the emotional development of university students. This
descriptive study aimed to describe the perceptions of internal dialogue and its relationship to the
components of emotional intelligence in 192 Clinical Psychology students. A 10-item Likert-type
structured questionnaire was administered, and absolute and relative frequencies were analyzed using
descriptive statistics. The results showed a high prevalence of compassionate internal dialogue,
highlighting high levels of self-motivation and social skills (76%), as well as adequate emotional
regulation. A correlation was found between positive internal dialogue and higher levels of perceived
emotional intelligence. The study concludes that internal dialogue is a transformative resource for
psychological well-being and suggests integrating internal dialogue modification strategies into
university training programs.
Keywords: internal language, emotional intelligence, self-compassion, emotional regulation,
psychological well-being

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O poder das palavras: como mudar a linguagem interna melhora a
inteligência emocional
RESUMO
O diálogo interno é um fator determinante no desenvolvimento emocional de estudantes universitários.
Este estudo descritivo teve como objetivo descrever as percepções do diálogo interno e sua relação
com os componentes da inteligência emocional em 192 estudantes de Psicologia Clínica. Foi aplicado
um questionário estruturado de 10 itens com escala Likert, e as frequências absolutas e relativas foram
analisadas por meio de estatística descritiva. Os resultados mostraram uma alta prevalência de diálogo
interno compassivo, evidenciando altos níveis de automotivação e habilidades sociais (76%), bem
como regulação emocional adequada. Foi encontrada uma correlação entre diálogo interno positivo e
níveis mais elevados de inteligência emocional percebida. O estudo conclui que o diálogo interno é um
recurso transformador para o bem-estar psicológico e sugere a integração de estratégias de
modificação do diálogo interno em programas de formação universitária
Palavras-Chave: linguagem interna, inteligência emocional, autocompaixão, regulação emocional,
bem-estar psicológico

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INTRODUCCIÓN
El lenguaje interno se define como el diálogo cognitivo que una persona mantiene consigo misma
mediante pensamientos, reflexiones y evaluaciones autorreferenciales. Este proceso cumple una
función central en la regulación emocional, la organización del pensamiento y la construcción del
autoconcepto, influyendo directamente en la manera en que los individuos interpretan la realidad,
enfrentan el error y responden a las demandas del entorno académico.
Diversos estudios coinciden en que la forma en que los estudiantes universitarios se comunican
internamente impacta su autoestima, bienestar psicológico y capacidad para gestionar el estrés,
especialmente en contextos caracterizados por altas exigencias emocionales y académicas (Orvell et
al., 2020; Pratts et al., 2023). En este sentido, el lenguaje interno puede adoptar un carácter constructivo
o autocrítico, condicionando la autorregulación emocional y la toma de decisiones conscientes, lo que
lo posiciona como un recurso psicológico clave en el desarrollo personal y académico de los
estudiantes universitarios.
La salud mental se ha convertido en una prioridad global. La Organización Mundial de la Salud reporta
que los trastornos de ansiedad y depresión afectan a millones de personas, deteriorando
significativamente su calidad de vida. Los ritmos acelerados, la presión constante y las demandas
emocionales crecientes caracterizan la realidad contemporánea. Surge entonces una pregunta
fundamental: ¿cómo pueden las personas desarrollar herramientas internas para navegar sus
emociones de manera efectiva? La respuesta se encuentra en un recurso que todos poseen, pero
raramente gestionan de forma consciente: el lenguaje interno.
Esta problemática se manifiesta en diversos aspectos de la vida universitaria. Los estudiantes
experimentan dificultades en la regulación emocional ante el estrés académico, baja autoestima frente
a desafíos y limitaciones en las habilidades sociales. Estos factores afectan tanto el rendimiento
académico como el bienestar psicológico en general.
Este estudio describe las percepciones de estudiantes universitarios sobre el lenguaje interno y su
relación con los componentes de la inteligencia emocional. Considera cómo un cambio en el diálogo
interno influye en el autoconocimiento, la regulación emocional y las habilidades sociales. El análisis

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proporciona un marco conceptual y herramientas prácticas que permiten reconocer el poder
transformador de las palabras y aplicar este conocimiento en el desarrollo personal y profesional.
El estudio identifica las características del lenguaje interno positivo y negativo presentes en estudiantes
universitarios. Describe los niveles percibidos de inteligencia emocional en sus dimensiones
emocionales y conductuales. Explora la presencia conjunta de lenguaje interno y componentes de la
inteligencia emocional desde una perspectiva descriptiva.
Según Campoverde et al. (2023) establecen que reconocer y comprender las emociones es clave para
la toma de decisiones y el desarrollo de la inteligencia emocional. Una adecuada gestión emocional
resulta esencial en el contexto universitario, donde las demandas académicas y personales son
constantes. Esta investigación ofrece una perspectiva práctica: cada individuo posee en su propio
lenguaje una herramienta poderosa para transformar su realidad emocional y construir una vida más
plena y resiliente.
Desde la neurociencia, el lenguaje interno se sustenta en la activación de redes neuronales asociadas
a la autorreflexión, la memoria y el procesamiento emocional. La Red Neuronal por Defecto (Default
Mode Network, DMN) se activa durante pensamientos autorreferenciales, recuerdos y planificación,
integrando contenidos cognitivos con respuestas emocionales (Sambuco, 2024). Esta red presenta
conectividad funcional con estructuras como la ínsula, lo que favorece la integración de señales
interoceptivas y procesos emocionales, confirmando que pensar y sentir constituyen procesos
estrechamente interrelacionados a nivel cerebral (Nogueira, 2025).
Estudios de neuroimagen evidencian que el habla interna con carga emocional activa circuitos
neuronales similares a los del lenguaje externo, involucrando regiones subcorticales asociadas a la
regulación emocional, como el núcleo caudado (Viacheslav et al., 2023). Asimismo, se han identificado
patrones de activación diferenciados cuando el diálogo interno adopta un carácter constructivo frente
a formas autocríticas, lo que respalda la posibilidad de intervenir y entrenar estilos de
autocomunicación más adaptativos desde una base neurofisiológica objetiva (Alderson-Day et al.,
2022).

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Según Kim et al. (2021) establecen que el cerebro procesa todo diálogo interno dirigido hacia sí mismo,
ya sea positivo o negativo. Cuando el diálogo interno es constructivo, el cerebro interpreta las críticas
como oportunidades para generar motivación y promover el crecimiento personal. Un diálogo interno
negativo y destructivo genera efectos perjudiciales en la autoestima, el bienestar emocional y el
desempeño general.
La evidencia científica indica que el lenguaje interno constituye un mecanismo central en la regulación
emocional y en la forma en que los individuos procesan sus experiencias afectivas. La manera en que
una persona se comunica consigo misma influye directamente en la interpretación de los eventos, la
gestión del estrés y la orientación de la conducta, actuando como un modulador del bienestar
psicológico y del desempeño académico (Haro, 2024; Bhatt et al., 2023).
Desde esta perspectiva, la inteligencia emocional se concibe como la capacidad de reconocer,
comprender y regular las propias emociones, competencias que se ven fortalecidas cuando el diálogo
interno adopta un carácter constructivo. Diversos estudios señalan que niveles adecuados de
inteligencia emocional se asocian con mayor regulación emocional, automotivación y relaciones
interpersonales positivas, favoreciendo estrategias efectivas de afrontamiento ante las demandas
académicas y personales (Shengyao et al., 2024). Asimismo, investigaciones recientes evidencian que
estas competencias emocionales presentan correlatos neurobiológicos específicos, lo que refuerza la
interdependencia entre lenguaje interno, emoción y funcionamiento cerebral (Grecucci et al., 2024).
Según La Rosa (2025) la automotivación, junto con el desarrollo de habilidades sociales y la resiliencia,
permite que los estudiantes enfrenten desafíos con mayor seguridad y manejen mejor sus emociones.
Fomentar estas capacidades contribuye a un diálogo interno más positivo y a un mejor control
emocional. Debido a que, la naturaleza del diálogo interno se expresa en dos enfoques contrastantes:
la autocrítica y la autocompasión. La autocrítica resulta destructiva y poco adaptativa. La
autocompasión actúa como mecanismo de resiliencia directamente relacionado con una salud mental
positiva.
El diálogo interno puede expresarse principalmente a través de dos enfoques contrastantes: la
autocrítica y la autocompasión. La autocrítica implica una evaluación negativa persistente del yo y

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suele desencadenar emociones desfavorables como la ira, la culpa o el desprecio autorreferencial,
asociándose con mayor vulnerabilidad psicológica y menor eficacia en los procesos de regulación
emocional (Wakelin et al., 2021).
La literatura distingue entre formas de autocrítica centradas en la autoagresión (yo odiado) y otras
orientadas a señalar deficiencias con fines de autocorrección (yo inadecuado), ambas vinculadas a
malestar emocional. En contraste, la autocompasión, conceptualizada en el modelo de Kristin Neff,
constituye una respuesta adaptativa frente al error y la dificultad, basada en el trato amable hacia uno
mismo, el reconocimiento de la humanidad compartida y la atención plena ante la experiencia
emocional.
Diversos estudios evidencian que la autocompasión promueve un diálogo interno comprensivo y
alentador, contribuyendo a la disminución de la autocrítica, a una mayor estabilidad emocional y al
fortalecimiento de las competencias propias de la inteligencia emocional, como la regulación afectiva
y la automotivación (Di Fabio y Saklofske, 2020; Wakelin et al., 2021).La Terapia Cognitivo-Conductual
(TCC) proporciona un enfoque sistemático para utilizar el lenguaje en la transformación emocional. Se
enfoca en la alteración del discurso interno disfuncional. Bhatt et al. (2023) plantean que la TCC
constituye una metodología psicológica ampliamente investigada para abordar el comportamiento y
las emociones. Los principios introducidos por Aaron Beck argumentan que las dificultades
emocionales y conductuales surgen de pensamientos o creencias disfuncionales. El propósito consiste
en detectar y cambiar estas maneras de pensar para lograr mejora psicológica.
La neurociencia aplicada al contexto educativo ha revelado mecanismos cerebrales específicos que
impactan el rendimiento académico. Otero et al. (2021) señalan que los estudiantes que comprenden
cómo funciona su memoria de trabajo logran mejores resultados en tareas complejas. Aplican
estrategias metacognitivas durante el aprendizaje.
La educación emocional durante la infancia aprovecha períodos críticos del desarrollo cerebral en los
que los circuitos emocionales son especialmente maleables. Brackett et al. (2021) demuestran que los
niños que reciben entrenamiento en reconocimiento y regulación emocional muestran mejor ajuste

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social y académico a largo plazo. Estos programas fortalecen la conectividad entre la amígdala y la
corteza prefrontal, facilitando respuestas emocionales más adaptativas.
METODOLOGÍA
El estudio se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo con diseño descriptivo, no experimental y de
corte transversal. La población estuvo conformada por 382 estudiantes universitarios de Psicología
Clínica de la Universidad Técnica de Machala. Se seleccionó una muestra de 192 participantes
mediante muestreo probabilístico, calculada a partir de la fórmula de Cochran.
Se utilizó un cuestionario estructurado tipo Likert compuesto por 10 ítems distribuidos en dos
dimensiones: lenguaje interno (4 ítems) e inteligencia emocional (6 ítems). El instrumento fue aplicado
de forma anónima y voluntaria durante el período académico correspondiente. De igual forma se
presenta la siguiente tabla.
Tabla 1. Operacionalización de variables
Variable Dimensión Indicadores Ítems Escala
Lenguaje interno Autocompasión Trato amable ante errores, autodiálogo
positivo 1–2 Likert (1–
5)
Lenguaje interno Autocrítica Autojuicio negativo, comparación social 3–4 Likert (1–
5)
Inteligencia
emocional
Conciencia
emocional
Identificación y nombramiento de
emociones 5–6 Likert (1–
5)
Inteligencia
emocional
Regulación
emocional
Manejo emocional bajo estrés
académico 7–8 Likert (1–
5)
Inteligencia
emocional Automotivación Persistencia ante obstáculos 9 Likert (1–
5)
Inteligencia
emocional Habilidades sociales Relaciones interpersonales positivas 10 Likert (1–
5)
Fuente: Elaboración Propia.
La validez del instrumento se sustentó en la correspondencia teórica entre los ítems y los constructos
de lenguaje interno e inteligencia emocional definidos en el marco conceptual, garantizando la validez
de contenido. Los ítems fueron formulados de manera clara y coherente con las dimensiones

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propuestas, permitiendo evaluar de forma adecuada las percepciones de los participantes. La fiabilidad
del cuestionario se estimó a partir de la consistencia interna de las respuestas, considerando la
homogeneidad de los ítems dentro de cada dimensión, lo que aseguró una medición estable y
coherente de las variables analizadas. Este procedimiento permitió confirmar la adecuación del
instrumento para su aplicación en la población estudiada.
El análisis de los datos se realizó mediante estadística descriptiva, empleando frecuencias absolutas y
relativas. Se utilizó el software Jamovi para el procesamiento de la información. Esto permitió describir
las tendencias y percepciones de los participantes respecto a las variables de estudio.
DESARROLLO Y DISCUSIÓN
Los resultados revelan patrones significativos en la relación entre lenguaje interno e inteligencia
emocional en estudiantes universitarios de Psicología Clínica.
Tabla 2. Síntesis descriptiva de seis ítems representativos (n=192)
Dimensión Ítem (síntesis) De
acuerdo
(%)
Neutral (%) En desacuerdo (%)
Lenguaje
interno
Autocompasión
ante errores
académicos
69 22 9
Lenguaje
interno
Autojuicio negativo
y comparación
social
28 21 51
Inteligencia
emocional
Identificación y
nombramiento de
emociones
65 25 10
Inteligencia
emocional
Regulación
emocional bajo
estrés académico
64 23 13
Inteligencia
emocional
Automotivación
interna ante
obstáculos
76 16 8
Inteligencia
emocional
Relaciones
interpersonales
positivas
76 18 6
Fuente: Elaboración Propia

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Con fines de síntesis académica, la Tabla 1 presenta los seis ítems con mayor representatividad para
la discusión (2 de lenguaje interno y 4 de inteligencia emocional), reportando porcentajes agregados
de acuerdo, neutralidad y desacuerdo.
Los resultados evidencian que el 69% de los estudiantes adopta una postura autocompasiva ante
errores académicos. Este porcentaje se distribuye en de acuerdo (38%) y totalmente de acuerdo (31%).
Un 22% mantiene postura neutral, mientras que solo el 9% reporta tendencias autocríticas. Una
proporción considerable de los estudiantes utiliza lenguaje interno positivo de manera frecuente, lo
cual se acompaña de percepciones favorables sobre el reconocimiento y manejo de sus emociones.
Estos hallazgos respaldan el modelo de Kristin Neff sobre autocompasión, específicamente el
componente del tratamiento amable hacia sí mismo en contraposición al autojuicio destructivo.
Wakelin et al. (2021) describen este componente como fundamental para el bienestar psicológico. La
predominancia de respuestas autocompasivas sugiere que la mayoría de estudiantes de Psicología
Clínica han desarrollado mayor conciencia metacognitiva sobre sus procesos internos a través de su
formación profesional.
El 9% que mantiene patrones autocríticos representa una población vulnerable que requiere
intervenciones específicas de modificación del diálogo interno. La autocrítica elevada se asocia
estrechamente con trastornos psicológicos y resultados menos efectivos en tratamientos
convencionales.
El 28% reconoce tender al autojuicio negativo mediante comparación social. Este porcentaje se
distribuye en de acuerdo (20%) y totalmente de acuerdo (8%). El 21% mantiene postura neutral, y el
51% rechaza este patrón. Esta variable presenta mayor heterogeneidad que las demás. La comparación
social autocrítica constituye un desafío persistente para una porción significativa de la muestra,
representando el único ítem de lenguaje interno donde las respuestas se distribuyen de manera más
equilibrada entre las categorías.
Wakelin et al. (2021) describen el tipo de autocrítica centrada en señalar constantemente fallas y
deficiencias con objetivo de autocorrección. El 28% que mantiene este patrón estaría experimentando
lo que Orvell et al. (2020) describen como diálogo interno que dificulta la regulación emocional efectiva.

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La alta prevalencia de este patrón en estudiantes de Psicología Clínica formados teóricamente en salud
mental resulta particularmente significativa. Sugiere que el conocimiento conceptual no garantiza
automáticamente la modificación de hábitos cognitivos arraigados. Existe una brecha entre saber qué
hacer y poder implementarlo en la práctica personal. Este hallazgo representa el punto más vulnerable
del lenguaje interno en esta población y requiere atención específica en las intervenciones futuras.
El 65% de los estudiantes identifica sus emociones sin complicaciones, nombrándolas con precisión.
Este porcentaje se distribuye en de acuerdo (43%) y totalmente de acuerdo (22%). El 25% se mantiene
neutral, mientras que solo el 10% reporta dificultades en esta competencia. Esta distribución revela
desarrollo robusto de la conciencia emocional en la población estudiada, representando el
componente de inteligencia emocional con mayor nivel de desarrollo según los datos recolectados.
Campoverde et al. (2023) destacan que reconocer y comprender las emociones constituye un elemento
clave para la toma de decisiones y el desarrollo de la inteligencia emocional. El elevado porcentaje de
estudiantes con conciencia emocional refinada podría explicarse parcialmente por la formación
específica en Psicología Clínica. Esta formación entrena sistemáticamente la identificación y
diferenciación de estados emocionales complejos.
Este hallazgo contrasta con el desempeño en otros componentes de inteligencia emocional,
particularmente la regulación bajo estrés. Los estudiantes identifican con precisión lo que sienten,
pero enfrentan mayores dificultades para gestionar esas emociones en situaciones de alta demanda
académica.
El 64% de los participantes logra regular sus emociones bajo estrés académico sin perjudicar su
rendimiento. Este porcentaje se distribuye en de acuerdo (37%) y totalmente de acuerdo (27%). El 23%
mantiene postura neutral, y el 13% reporta dificultades regulatorias. Esta distribución indica
competencia autorreguladora en la mayoría, aunque con un segmento considerable en zona de
vulnerabilidad que representa casi un cuarto de la muestra estudiada.
Morawetz (2024) evidencia mediante neuroimagen que la regulación emocional activa específicamente
estructuras como la amígdala y regiones prefrontales de control cognitivo. El 64% con competencia
regulatoria estaría demostrando conectividad funcional efectiva entre estas regiones cerebrales. Haro

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(2024) establece que cuando un individuo desarrolla inteligencia emocional, resulta capaz de utilizar
sus emociones de forma positiva para orientar su pensamiento y comportamiento.
Este componente muestra el porcentaje más bajo de competencia entre todas las dimensiones de
inteligencia emocional evaluadas. El 36% que no logra regular efectivamente sus emociones bajo
presión o no está seguro de su capacidad para hacerlo representa un área prioritaria para intervención.
Manejar la presión académica sigue siendo un reto significativo que requiere atención específica en los
programas de formación.
El 76% de los estudiantes se motiva internamente para alcanzar metas académicas incluso ante
obstáculos. Este porcentaje se distribuye en de acuerdo (40%) y totalmente de acuerdo (36%). El 16%
se posiciona neutralmente, mientras que el 8% reconoce déficit motivacional. Esta distribución
evidencia orientación predominantemente autónoma hacia el logro académico, representando el
segundo componente de inteligencia emocional con mayor desarrollo después de la identificación
emocional.
La Rosa (2025) plantea que la automotivación, junto con el desarrollo de habilidades sociales y la
resiliencia, permite que los estudiantes enfrenten desafíos con mayor seguridad y manejen mejor sus
emociones. El elevado porcentaje de automotivación interna sugiere que el lenguaje interno compasivo
documentado en la Tabla 1 estaría cumpliendo su función de sostén motivacional.
La coherencia entre alta autocompasión (69%, Tabla 1) y alta automotivación (76%, Tabla 2) resulta
teóricamente consistente. Di Fabio y Saklofske (2020) establecen que mantener un diálogo interno
positivo resulta fundamental para cultivar la autocompasión, lo cual mejora las capacidades de la
inteligencia emocional. Los estudiantes que se tratan con amabilidad ante errores mantienen mejor su
motivación para seguir esforzándose.
El 76% de los participantes establece relaciones interpersonales positivas y constructivas. Este
porcentaje se distribuye en de acuerdo (42%) y totalmente de acuerdo (34%). El 18% mantiene postura
neutral, y apenas el 6% reconoce dificultades relacionales. Esta distribución refleja competencia social
robusta en la gran mayoría de la muestra.

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Shengyao et al. (2024) mencionan que cuando la inteligencia emocional se desarrolla adecuadamente,
actúa de manera positiva en las relaciones interpersonales y promueve estrategias efectivas de
afrontamiento ante el estrés. El 76% con competencia relacional estaría manifestando la traducción
práctica de habilidades emocionales en comportamientos sociales adaptativos. Esto probablemente se
ve favorecido por la formación en Psicología Clínica que enfatiza competencias empáticas y
comunicacionales. El porcentaje idéntico entre automotivación (76%) y habilidades relacionales (76%)
sugiere que ambas competencias se desarrollan de manera integrada. Los estudiantes que mantienen
motivación interna también construyen vínculos interpersonales efectivos.
Bajo este contexto, los datos descriptivos evidencian coherencia entre las variables estudiadas. Los
estudiantes que reportan lenguaje interno compasivo también manifiestan mayores niveles en los
componentes de inteligencia emocional evaluados. Existe un patrón consistente: mayor
autocompasión se asocia con mejor identificación emocional, regulación más efectiva, automotivación
más fuerte y habilidades sociales más desarrolladas.
Estos hallazgos tienen implicaciones prácticas para la formación universitaria. Los programas de
Psicología Clínica desarrollan conciencia emocional de manera efectiva. Los estudiantes identifican y
nombran sus emociones con precisión. Sin embargo, existe espacio para mejorar en la aplicación
práctica de estrategias de regulación emocional bajo presión. Por ende, la formación teórica en salud
mental no se traduce automáticamente en hábitos de diálogo interno compasivo. Conocer los
conceptos de autocompasión no garantiza su práctica personal, pues, se requieren intervenciones
específicas que vayan más allá del conocimiento conceptual hacia el entrenamiento experiencial.
CONCLUSIÓN
El estudio exploró la relación entre lenguaje interno e inteligencia emocional en 192 estudiantes
universitarios de Psicología Clínica de la Universidad Técnica de Machala. Los resultados permiten
establecer conclusiones relevantes sobre las variables. La mayoría de los estudiantes (69%) ha
desarrollado patrones predominantemente compasivos de diálogo interno, evidenciando la capacidad
de tratarse con comprensión ante errores académicos y utilizar un lenguaje interno más amable durante

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situaciones emocionalmente desafiantes. Esto representa un hallazgo positivo que contrasta con la alta
prevalencia de autocrítica destructiva reportada en la población general.
Sin embargo, persisten desafíos. La comparación social autocrítica afecta al 28% de los estudiantes.
Esto representa el punto más vulnerable del lenguaje interno en esta población. A pesar de la formación
en salud mental, casi un tercio mantiene patrones de autojuicio negativo basados en comparación con
otros. Por consiguiente, un 36% no logra regular efectivamente sus emociones en situaciones de alta
demanda o no está seguro de su capacidad para hacerlo. En contraparte, los estudiantes en posición
neutral en múltiples componentes (entre 15% y 25%) representan un grupo que podría beneficiarse
significativamente de intervenciones preventivas. No muestran dificultades claras, pero tampoco han
desarrollado plenamente las competencias evaluadas.
Los componentes de inteligencia emocional evaluados mostraron niveles de desarrollo satisfactorios.
El establecimiento de relaciones interpersonales positivas (76%) y la automotivación interna (76%)
destacan como las competencias más desarrolladas, mientras que la regulación emocional bajo estrés
académico presenta el porcentaje más bajo (64%).
La regulación emocional bajo estrés académico muestra el porcentaje más bajo de competencia (64%).
Manejar la presión académica sigue siendo un reto significativo para más de un tercio de los
estudiantes. Esto requiere atención específica en los programas de formación. Dado que, el cambio
hacia mayor inteligencia emocional parte de un cambio íntimo y personal: las palabras que cada
persona elige para comunicarse consigo misma. Los resultados ofrecen evidencia empírica que
respalda la integración del entrenamiento en diálogo interno compasivo como componente esencial
en la formación universitaria orientada al bienestar psicológico y al desarrollo profesional integral
sistematizando, fortaleciendo y extendiendo tales prácticas en toda la población estudiantil.
En definitiva, el estudio demuestra que el diálogo interno representa un componente relevante en el
ámbito emocional. Su modificación consciente constituye una herramienta accesible y poderosa para
mejorar el bienestar psicológico de estudiantes universitarios. Cada persona posee en su lenguaje
interno un recurso transformador que puede cultivar deliberadamente.

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Conflicto de intereses
Los autores declaran que no existe conflicto de intereses para la publicación del presente artículo
científico.
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