Recibido:09/12/2025 Aprobado:10/01/2026
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DOI: https://doi.org/10.70208/3007.8245.v6.n1.347
Impacto del apoyo emocional y psicológico en el autocuidado de personas
con discapacidad
Psi. Erick Ismael Alava Bravo
Ismaelalava16@gmai.com
https://orcid.org/0000-0002-2328-2755
Universidad Estatal Del Sur de Manabí
Ecuador
Dra. C Delia Georgina Bravo Bonoso
delia.bravo@unesum.edu.ec
https://orcid.org/0000-0003-4787-8403
Universidad Estatal del Sur de Manabí
Ecuador
Mg. Mónica Danny Tonguino Rodriguez
monica.tonguino@unesum.edu.ec
https://orcid.org/0009-0003-7056-5234
Universidad Estatal del Sur Manabí
Ecuador
Dra. Jenifer Dayanara Aguilar Cano
jenifer.aguilar@unesum.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-1531-6791
Universidad Estatal del Sur Manabí
Ecuador
Yomaira Estefanía Pincay Reyes
yomaira.pincay@unesum.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-9457-2629
Universidad Estatal de Sur de Manabí
Ecuador

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RESUMEN
La salud mental y la discapacidad son desafíos globales de salud pública, con efectos directos en la
equidad social y el desarrollo sostenible. Este estudio examina el impacto del apoyo emocional y
psicológico en el autocuidado de personas con capacidades especiales, destacando el papel de redes
familiares, comunitarias y profesionales en la autonomía y calidad de vida. Metodología: Se aplicó un
enfoque mixto con métodos cuantitativos y cualitativos. La muestra incluyó 17 participantes de la
comuna Sancán, seleccionados mediante muestreo estratificado según tipo de discapacidad, edad,
género y residencia. Se emplearon instrumentos validados como la Escala ASA-R, WHOQOL-BREF
y DASS-21, junto con revisión documental. Resultados: Predominó la discapacidad intelectual (29%),
con mayor representación de hombres (65%) y residentes urbanos (76%). En apoyo emocional, el (47%)
reportó niveles altos, mientras que el 18% manifestó bajos niveles, identificándose como grupo
vulnerable. En autocuidado, la alimentación saludable alcanzó mayor cumplimiento (65%), seguida de
higiene personal (53%) y adherencia terapéutica (41%). El apoyo psicológico provino principalmente
de la familia (76%), con escasa terapia formal (6%) y ausencia de consejería comunitaria. Conclusión:
El apoyo emocional y psicológico se determinó como un factor clave en el autocuidado y la inclusión
social de personas con discapacidad.
Palabras clave: apoyo emocional, autocuidado, discapacidad, salud mental, inclusión social

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Impact of emotional and psychological support on the self-
care of people with disabilities
ABSTRACT
Mental health and disability are global public health challenges, with direct effects on social equity and
sustainable development. This study examines the impact of emotional and psychological support on
the self-care of people with special abilities, highlighting the role of family, community, and professional
networks in autonomy and quality of life. Methodology: A mixed approach was applied with
quantitative and qualitative methods. The sample included 17 participants from the Sancán commune,
selected through stratified sampling according to type of disability, age, gender and residence. Validated
instruments such as the ASA-R, WHOQOL-BREF and DASS-21 Scale were used, along with
documentary review. Results: Intellectual disability predominated (29%), with a greater representation
of men (65%) and urban residents (76%). In emotional support, (47%) reported high levels, while (18%)
reported low levels, identifying themselves as a vulnerable group. In self-care, healthy eating achieved
greater compliance (65%), followed by personal hygiene (53%) and therapeutic adherence (41%).
Psychological support came mainly from the family (76%), with little formal therapy (5.8%) and absence
of community counseling. Conclusion: Emotional and psychological support was determined to be a
key factor in self-care and social inclusion of people with disabilities.
Keywords: emotional support, self-care, disability, mental health, social inclusion

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INTRODUCCIÓN
La salud mental y la discapacidad constituyen desafíos de salud pública de magnitud global, con
profundas implicaciones para el bienestar individual, la equidad social y el desarrollo sostenible. (1)
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2024 casi mil millones de personas, incluyendo
un 14% de los adolescentes, vivían con algún trastorno mental, y los trastornos mentales representaban
la principal causa de discapacidad a nivel mundial. (2) La discapacidad, entendida bajo el enfoque
biopsicosocial y de derechos, abarca no solo deficiencias físicas o mentales, sino también las barreras
sociales y contextuales que limitan la participación plena y equitativa de las personas en la sociedad.
La OMS estima que el 15% de la población mundial presenta alguna discapacidad, lo que equivale a
más de 1.300 millones de personas.
El autocuidado, definido como la capacidad de los individuos para gestionar su salud y bienestar, es
un componente esencial para la vida independiente y la inclusión social de las personas con
discapacidad. (3) Sin embargo, la evidencia muestra que las personas con discapacidad enfrentan un
riesgo duplicado de desarrollar afecciones como depresión, enfermedades crónicas y menor esperanza
de vida, en comparación con la población general. Además, la pandemia de COVID-19 exacerbó las
desigualdades existentes, incrementando en más de un 25% la prevalencia de depresión y ansiedad en
el primer año de la crisis sanitaria.
A pesar de los compromisos internacionales como el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-
2030 y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), persisten brechas
significativas en el acceso a servicios de salud mental y apoyo emocional.(4) La OMS y organismos
multilaterales subrayan la urgencia de transformar los sistemas de salud mental, reorganizando los
entornos que influyen en la salud mental, fortaleciendo los servicios comunitarios y promoviendo la
inclusión social y la autonomía de las personas con discapacidad.(5) El apoyo emocional y psicológico,
en este contexto, emerge como un determinante clave para el autocuidado, la resiliencia y la calidad
de vida de las personas con capacidades especiales.
En América Latina y el Caribe, la discapacidad afecta aproximadamente al 15% de la población, lo que
representa cerca de 70 millones de personas. La región ha avanzado en la ratificación de la CDPD y

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en la promulgación de leyes nacionales orientadas a la inclusión y la no discriminación, como la Ley
29973 en Perú, la Ley 1618 en Colombia y la Ley General para la Inclusión de las Personas con
Discapacidad en México. Sin embargo, la implementación efectiva de estas normativas enfrenta
obstáculos persistentes, entre los que destacan las barreras físicas, comunicativas, educativas y
laborales, así como la discriminación y el estigma social. (6)
La cobertura de servicios de salud mental y apoyo emocional en la región es insuficiente y desigual. El
Atlas de Salud Mental de las Américas (2020) reporta que la disponibilidad de psiquiatras y enfermeras
especializadas es muy inferior al promedio de la OCDE, con menos de un psiquiatra por cada 100.000
habitantes en varios países, incluido Ecuador. Además, la mayoría de los apoyos y cuidados son
brindados por familiares, en su mayoría mujeres, lo que genera una sobrecarga emocional, física y
económica significativa. (7)
Las brechas en el acceso a apoyos son mayores en áreas rurales y entre adultos jóvenes. Por ejemplo,
en Chile, el 80,56% de las personas con discapacidad requiere apoyo permanente, pero solo el 28,10%
lo recibe; en Costa Rica, el 67,93% lo necesita, pero solo el 48,13% accede a él. La agenda de cuidados,
impulsada por movimientos feministas y de derechos humanos, reconoce el cuidado como un derecho
y promueve la corresponsabilidad entre Estado, comunidad, familias y mercado, aunque persisten
enfoques paternalistas y médicos que limitan la autonomía de las personas con discapacidad. (8)
En Ecuador, la discapacidad afecta a más de 619.000 personas, según el Consejo Nacional para la
Igualdad de Discapacidades (CONADIS, 2022), con una prevalencia del 3,5% al 6% de la población,
dependiendo de la fuente y el año. La distribución por tipo de discapacidad muestra que el 45,66%
corresponde a discapacidad física, el 23,12% a intelectual, el 14,12% a auditiva, el 11,54% a visual y el
5,55% a psicosocial. El 67% de las personas con discapacidad cuenta con registro social, y cerca de
159.000 reciben bonos o pensiones específicas, como el Bono Joaquín Gallegos Lara y la Pensión Toda
Una Vida. (9)
En cuanto al autocuidado, estudios nacionales evidencian que tanto las personas con discapacidad
como sus cuidadores enfrentan altos niveles de sobrecarga emocional, estrés crónico y dificultades
para acceder a apoyos formales y recursos de autocuidado.

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Estas iniciativas reflejan el compromiso institucional con la salud mental, la inclusión y el desarrollo
humano, alineándose con las directrices nacionales e internacionales en la materia.
METODOLOGÍA
El estudio propuesto adopta un enfoque mixto, integrando métodos cuantitativos y cualitativos para
captar la complejidad del impacto del apoyo emocional y psicológico en el autocuidado de personas
con capacidades especiales. Esta elección responde a la necesidad de combinar la objetividad y
generalización de los datos cuantitativos con la profundidad y contextualización de los hallazgos
cualitativos, permitiendo una comprensión holística del fenómeno.
El enfoque cuantitativo se justifica por la posibilidad de medir variables como el nivel de autocuidado,
la calidad de vida, la frecuencia y tipo de apoyos recibidos, y la prevalencia de síntomas emocionales
o psicológicos, utilizando instrumentos validados y análisis estadísticos descriptivos e inferenciales. Por
su parte, el enfoque cualitativo permite explorar las experiencias, percepciones y significados atribuidos
por las personas con discapacidad y sus cuidadores al apoyo emocional y psicológico, así como
identificar barreras, facilitadores y necesidades no cubiertas.
La triangulación metodológica, entendida como la combinación de diferentes métodos, fuentes y
perspectivas, fortalece la validez interna y externa del estudio, reduce sesgos y enriquece la
interpretación de los resultados.
La población objetivo está conformada por personas con capacidades especiales (discapacidad física,
intelectual, sensorial, psicosocial o múltiple) de la comuna Sancan. La muestra se constituyó de 17
participantes, seleccionados mediante muestreo estratificado por tipo de discapacidad, edad, género y
área geográfica (urbana/rural), siguiendo las recomendaciones de estudios previos y considerando la
prevalencia nacional reportada por CONADIS y el INEC. El tamaño muestral (n=17) se definió
atendiendo a dos criterios principales: Disponibilidad poblacional y accesibilidad: dado que se trataba
de una población específica y con restricciones de acceso, el número de participantes estuvo
condicionado por la factibilidad de reclutamiento en el contexto del estudio; Carácter exploratorio del
estudio: el objetivo principal fue obtener información preliminar sobre percepciones y experiencias,
más que realizar inferencias estadísticas generalizables.

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Se emplearon técnicas e Instrumentos de recolección de datos:
• Cuestionarios estructurados: Se utilizaron instrumentos validados internacionalmente y
adaptados al contexto ecuatoriano y latinoamericano, como la Escala de Valoración de Agencia de
Autocuidado (ASA-R)(10), el Cuestionario de Calidad de Vida WHOQOL-BREF (11), la Escala DASS-
21(12) para estados emocionales. Estos instrumentos permiten medir la capacidad de autocuidado, la
calidad de vida, el estado emocional, con adecuados niveles de confiabilidad y validez en poblaciones
latinoamericanas.
• Entrevistas semiestructuradas: Dirigidas a personas con discapacidad y cuidadores, para
explorar en profundidad las experiencias, percepciones y significados atribuidos al apoyo emocional y
psicológico, las estrategias de afrontamiento y las prácticas de autocuidado.
• Revisión documental: Análisis de políticas públicas, normativas institucionales, informes de
programas y registros administrativos de servicios de salud mental y discapacidad, tanto a nivel
nacional como internacional.
Procedimientos Éticos
La investigación se regirá por los principios éticos internacionales y nacionales para estudios con
personas con discapacidad, en concordancia con la Declaración de Helsinki y la normativa ecuatoriana
vigente. Se garantizará el respeto a la autonomía, la dignidad y la capacidad jurídica universal de los
participantes, asegurando procesos de consentimiento informado accesibles, comprensibles y
adaptados a las necesidades de cada persona.
En los casos en que la capacidad de decisión esté disminuida, se implementarán apoyos y
salvaguardias para la toma de decisiones, evitando la sustitución de la voluntad y priorizando la
expresión de preferencias y deseos del participante. Se protegerá la confidencialidad y privacidad de
los datos. La participación será voluntaria, sin coerción ni discriminación, y se brindará información
clara sobre los objetivos, riesgos y beneficios del estudio. Se prestará especial atención a la
accesibilidad física, comunicativa y actitudinal durante todo el proceso investigativo.
El análisis estadístico incluyó técnicas descriptivas, análisis de regresión para identificar predictores
del autocuidado y la calidad de vida, y análisis de varianza para comparar grupos según tipo de

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discapacidad, género y acceso a apoyos. Los datos cualitativos fueron analizados mediante
codificación abierta, categorización y análisis temático, utilizando software especializado para la
gestión de datos cualitativos. La triangulación de resultados permitió integrar los hallazgos
cuantitativos y cualitativos, identificando patrones, contradicciones y áreas de convergencia.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Resultados obtenidos atravez de la Escala de Valoración de Agencia de Autocuidado (ASA-R), el
Cuestionario de Calidad de Vida WHOQOL-BREF, la Escala DASS-21.
Tabla 1. Datos sociodemográficos
Items Frecuencia Porcentaje
Tipo de discapacidad
Física o motriz 4 23%
Sensorial 1 6 %
Intelectual 5 29 %
Psicosocial o mental 2 12 %
Múltiple 2 12 %
Neurológica 3 18 %
Edad
19-25 años 5 29%
26-32 años 6 35%
33- 40 años 3 18%
41 a más 3 18 %
Género
Hombre 11 65 %
Mujer 6 35 %
Zona
Urbana 13 76%
Rural 4 23 %
Fuente: Instrumento aplicado
El mayor porcentaje se centra en la discapacidad intelectual con un (29%), seguida por discapacidad
física o motriz (23%) y neurológica (18%). Este predominio de la discapacidad intelectual plantea un
reto particular en términos de apoyo emocional y psicológico, ya que las estrategias de autocuidado
requieren adaptaciones pedagógicas y acompañamiento constante. La baja representación de la

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discapacidad sensorial (6%) debiéndose a factores de invisibilización o menor acceso a programas de
apoyo. Además, la presencia de casos múltiples (12%) y psicosociales (12%) enmarca la complejidad
de los perfiles, donde el apoyo emocional se convierte en un eje transversal para garantizar la
adherencia a prácticas de autocuidado.
Asimismo, la distribución etaria muestra un predominio de jóvenes y adultos jóvenes: (29%) entre 19–
25 años y (35%) entre 26–32 años. Hallazgo relevante, porque en estas etapas de la vida se consolidan
hábitos de autocuidado y se enfrentan procesos de independencia. La menor proporción en mayores
de 41 años (18%) refleja barreras acumuladas en el acceso a servicios de salud o menor participación
en programas comunitarios.
La muestra está compuesta mayoritariamente por hombres (65%), frente a mujeres (35%). Esta
diferencia se interpreta desde dos perspectivas: por un lado, la mayor visibilización de hombres con
discapacidad; por otro, la posible subrepresentación de mujeres debido a factores culturales, roles de
cuidado y barreras de acceso. El (76%) de provienen de zonas urbanas, mientras que solo el (23%)
pertenece a zonas rurales, disparidad que refleja la concentración de servicios de salud y apoyo en
áreas urbanas, dejando a la población rural en situación de mayor vulnerabilidad.
Tabla 2. Percepción de apoyo emocional
Items Bajo (1–2) Moderado (3) Alto (4–5) Total
Sexo F % F % F %
Hombre 2 18% 4 36% 5 45% 11
Mujer 1 17% 2 33% 3 50% 6
Total 3 18% 6 35% 8 47% 17
Fuente: Instrumento aplicado
Los resultados muestran que la mayoría de los participantes reporta un nivel alto de apoyo emocional
(47%), seguido por un nivel moderado (35%) y, en menor medida, bajo (18%). Patrones que, en
términos generales, los pacientes con discapacidad perciben que cuentan con redes de apoyo
suficientes para enfrentar sus condiciones, lo cual es un factor protector frente a la ansiedad, depresión
y estrés medidos por la DASS-21.

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En los hombres, el (45%) reporta un nivel alto de apoyo emocional, mientras que en las mujeres este
porcentaje asciende al (50%), aunque la diferencia es leve, se observa que las mujeres tienden a valorar
más el apoyo recibido, lo que se relaciona con una mayor disposición cultural y social a expresar
emociones y buscar ayuda.
El (18%) de la muestra se ubica en niveles bajos de apoyo emocional, representándose como un grupo
vulnerable que requiere atención prioritaria. La baja percepción, se vincula a factores como aislamiento
social, falta de redes familiares o limitaciones en el acceso a servicios psicológicos
Tabla 3. Prácticas de autocuidado
Dimensión
evaluada
Cumplimiento alto
(%)
Cumplimiento medio
(%)
Cumplimiento bajo
(%)
F % F % F %
Higiene personal 9 53% 3 18% 5 29%
Alimentación
saludable
11 65% 5 29% 1 6%
Adherencia
terapéutica
7 41% 6 35% 4 23%
Fuente: Instrumento aplicado
El 52.9% de los participantes presenta un cumplimiento alto en higiene personal, reflejando una
práctica relativamente consolidada, sin embargo, el 29.4% se ubica en cumplimiento bajo, lo que indica
que casi un tercio de los pacientes enfrenta dificultades para mantener rutinas básicas de autocuidado.
La dimensión con mayor cumplimiento alto es la alimentación saludable se evidencia en un (65%),
seguida por un (29%) en nivel medio y apenas un (6%) en nivel bajo. Este resultado es alentador, pues
es un índice de que, en su mayoría mantienen hábitos alimenticios adecuados, lo cual repercute
directamente en su bienestar físico y mental.
La adherencia terapéutica muestra un panorama más complejo: solo el (41%) alcanza un cumplimiento
alto, mientras que el (35%) se ubica en nivel medio y el (23%) en nivel bajo. Este resultado evidencia
que casi la mitad de los pacientes presenta dificultades para seguir tratamientos médicos de manera
constante, pudiendo estar relacionadas con factores emocionales, barreras de acceso a servicios de
salud, falta de comprensión de las indicaciones o ausencia de apoyo psicológico.

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Tabla 4. Tipos de apoyo psicológico recibido
Tipo de apoyo recibido Frecuencia (n) Porcentaje (%)
Terapia psicológica formal 1 6%
Consejería comunitaria - -
Apoyo familiar 13 76%
Ningún tipo de apoyo 3 18%
Fuente: Instrumento aplicado
El (76%) de los participantes señala que recibe apoyo principalmente de su familia, afirmando que
existe una red familiar como principal sostén emocional y psicológico en personas con discapacidad,
convirtiéndose en el primer espacio de contención, acompañamiento y motivación para el autocuidado.
Sin embargo, esta dependencia exclusiva genera limitaciones: cuando el apoyo familiar es insuficiente
o está ausente, los pacientes quedan en situación de vulnerabilidad.
Solo el (6%) de los participantes reporta haber recibido terapia psicológica formal, dato preocupante,
ya que la atención profesional es clave para abordar problemas de salud mental como ansiedad,
depresión o dificultades de adaptación, especialmente en personas con discapacidad. En este sentido,
el hecho de que ningún participante haya reportado consejería comunitaria revela una carencia
estructural en los programas de intervención comunitaria, limitando la posibilidad de generar redes de
apoyo más amplias, que incluyan vecinos, organizaciones sociales y servicios locales.
El (18%) de los pacientes, afirman no recibir ningún tipo de apoyo psicológico, pues la ausencia de
acompañamiento emocional incrementa el riesgo de aislamiento, baja adherencia terapéutica y
deterioro en las prácticas de autocuidado.
DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos muestran que el apoyo familiar es la principal fuente de acompañamiento
psicológico (76%), mientras que la terapia formal apenas alcanza un (6%) y la consejería comunitaria
es inexistente. Este patrón coincide con lo reportado por Calva-Cumbicus et al. (2024), quienes
encontraron que en Ecuador los progenitores de hijos con discapacidad dependen mayormente del
soporte familiar, lo que genera bienestar psicológico pero también sobrecarga emocional en los

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cuidadores. (13) En este sentido, nuestros hallazgos refuerzan la idea de que la familia sigue siendo el
núcleo de apoyo más inmediato y accesible.
Sin embargo, otros estudios refutan la suficiencia de este modelo. Izaguirre-Bordelois et al. (2021)
identificaron que el agotamiento psicológico en cuidadores aumenta cuando el apoyo se limita al
entorno familiar, sin intervención profesional o comunitaria, lo que repercute negativamente en el
autocuidado de las personas con discapacidad.(14) Esto contrasta con nuestros resultados, donde la
mayoría percibe un nivel alto de apoyo emocional, sugiriendo que la valoración subjetiva del
acompañamiento puede diferir de la efectividad real en términos de salud mental.
Asimismo, Meléndez-Mogollón et al. (2025) señalan que el estado emocional de los cuidadores está
directamente relacionado con la calidad del apoyo brindado, y que la ausencia de servicios
psicológicos formales incrementa la sobrecarga y disminuye la capacidad de fomentar prácticas de
autocuidado. (15) Este hallazgo refuta la baja frecuencia de terapia psicológica formal en nuestra
muestra, evidenciando una brecha que debe ser atendida por las instituciones de salud y educación.
En contraste, investigaciones internacionales recientes han resaltado que la intervención comunitaria
y profesional no solo mejora la percepción de apoyo, sino que también fortalece la adherencia
terapéutica y la autonomía de los pacientes. (16,17) La ausencia de consejería comunitaria en nuestros
resultados muestra una debilidad estructural que limita la construcción de redes de apoyo más amplias
y sostenibles
CONCLUSIONES
El apoyo emocional y psicológico constituye un determinante fundamental para el autocuidado, la
autonomía y la calidad de vida de las personas con capacidades especiales, de manera que, la evidencia
demuestra que la integración de apoyos formales e informales, la capacitación conjunta y la promoción
de la salud con énfasis en el autocuidado, son estrategias efectivas para mejorar el bienestar y la
inclusión social de este grupo vulnerable.
Se propone la implementación de un programa nacional que incluya servicios de apoyo emocional y
psicológico específicos para personas con discapacidad, accesibles de manera gratuita o a bajo costo.
Este programa debería incluir capacitación a profesionales de la salud mental en enfoques inclusivos y

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adaptados a las necesidades de esta población, así como la promoción de grupos de apoyo
comunitarios. Además, se debe mecanismos de evaluación que aseguren la eficacia y sostenibilidad de
estas intervenciones, a fin de contribuir a un modelo de autocuidado integral que favorezca el bienestar
y empoderamiento de las personas con discapacidad.
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