
Recibido: 10/01/2026 Aprobado:15/02/2026
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DOI: https://doi.org/10.70208/3007.8245.v6.n1.395
El hombre contemporáneo ante la técnica: del sinsentido al encontrarse
Nathalia Andrea Alvarez Torres
nathy.philosophem@gmail.com
https://orcid.org/0009-0000-5677-7028
TECH Universidad Tecnológica
Colombia
RESUMEN
La experiencia humana es una suma de complejidades que oscila en medio de una gran paradoja: sólo
en el momento en que todo parece perder sentido, surge la necesidad de encontrarlo. Con el auge de
las nuevas tecnologías, el hombre saca a la luz un sinnúmero de posibilidades de ser en el mundo, que,
a su vez, representan un plexo de oportunidades que conducen a un giro ontológico-existencial: del
sinsentido al encontrarse. En este artículo se pretende explorar el concepto heideggeriano de
encontrarse (Befindlichkeit) como un proceso que pone de manifiesto el sinsentido en el que yace el
hombre tecnificado y los estados a través de los cuales este transita para llegar al encuentro con su ser
ahí. Este artículo plantea cómo la instrumentalización de la técnica constituye una instrumentalización
de sí mismo que sumerge al hombre en un sinsentido. Asimismo, se pretende poner en evidencia un
doble giro ontológico en el que el sinsentido es precisamente el estado ontológico-existencial en el que
el hombre se cuestiona y se abre a su ser. Así pues, esta condición, aunque esconde, también
desencubre y devela el camino hacia encontrarse. Así que vale la pena plantearse las siguientes
cuestiones: ¿Cómo pueden las nuevas tecnologías ser una amenaza para la pérdida de sentido del
hombre? ¿Qué hace que lo que se muestra del ser del hombre en las redes tecnológicas pueda
interpretarse como un sinsentido, y cómo es que lo que se muestra es precisamente lo que conlleva al
encontrarse?
Palabras clave: encontrarse, nuevas tecnologías, angustia, nada, Dasein

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Contemporary man and technology: from meaninglessness to
encountering oneself
ABSTRACT
The human experience is a complex tapestry that oscillates amid a great paradox: only when everything
seems to lose meaning does the need to find it emerge. With the rise of new technologies, humankind
brings to light countless possibilities for being in the world, which in turn represent a plexus of
opportunities that lead to an ontological-existential shift: from meaninglessness to finding oneself. This
article explores the concept of "finding oneself" as a process that reveals the meaninglessness in which
technified humankind resides and the states through which they transit to encounter their being. This
discussion raises the question of how the instrumentalization of technology instrumentalizes oneself,
and how this leads humankind into a state of meaninglessness. However, a double ontological shift is
posed in which meaninglessness is precisely the state in which humanity questions its being. Thus, this
condition, although it may seem hidden, also uncovers and reveals the path to finding oneself. So it is
worth asking: How can new technologies threaten the loss of human meaning? What makes what is
revealed about human beings in technological networks interpretable as meaningless, and how is this
revealed precisely what is entailed by encountering oneself?
Keywords: encounter, new technologies, angst, nothingness, Dasein

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INTRODUCCIÓN
El ser humano contemporáneo se encuentra inmerso en un entorno dominado por las nuevas
tecnologías y los sistemas de inteligencia artificial. Tal como afirma Heidegger: "Por todas partes
permanecemos presos, encadenados a la técnica, aunque apasionadamente la afirmemos o neguemos"
(Heidegger, 1953/2017, p. 71). Los dispositivos inteligentes atraviesan todos los ámbitos de la vida
cotidiana, desde lo laboral y lo académico hasta el entretenimiento. La tecnología ha dejado de ser un
simple conjunto de herramientas para convertirse en el filtro a través del cual se interpreta la realidad.
Las redes sociales, los algoritmos de recomendación, los chatbots y los teléfonos inteligentes no solo
han transformado las relaciones sociales, los mecanismos de trabajo, la comunicación, el aprendizaje
y el ocio, sino que también han cambiado el sentido de la identidad propia, la percepción del mundo y
la esencia de la otredad. Por ejemplo, los sistemas automatizados de producción, como los chatbots,
afectan la percepción de utilidad y la relación con el trabajo, además de fomentar una política de
optimización constante. Dentro de este panorama, el ser humano busca adaptarse a un mundo
tecnificado y, a simple vista, parece lograrlo; sin embargo, los malestares de la sociedad actual, como
los trastornos de ansiedad, depresión y burnout, sacan a la luz una profunda crisis de sentido. En este
contexto, el ser humano empieza a sentir extrañeza frente al mundo; es decir, lo que debería sentirse
como propio comienza a volverse extraño e inalcanzable, lo que genera un proceso de desarraigo
respecto de su morada, de su sentido de pertenencia al mundo y de su capacidad de autocomprensión
como ser-ahí: en el mundo.
Las exigencias contemporáneas, como la sobreestimulación tecnológica, la inmediatez, la lógica de la
productividad y el exceso de positivismo, han dado lugar a formas de alienación caracterizadas por la
desconexión del individuo respecto de su propia existencia. De este modo, surge un malestar
existencial que conduce a un cuestionamiento ontológico del sentido, es decir, a un sinsentido. En esto
precisamente consiste el peligro que advierte Heidegger sobre la técnica moderna: “La técnica
moderna arrastra al hombre a un modo de revelación donde todo aparece como recurso” (Heidegger,
1954-2006, p. 22). Así pues, el peligro no está en la técnica en sí misma, sino en lo que él llama Gestell,
un modo de desocultamiento provocativo del ser, en el que el hombre se pierde en un modelo de

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pensamiento calculador e instrumentalista con el que interpreta el mundo:“Allí donde el mundo se
convierte sólo en objeto de planificación y cálculo, el hombre pierde su morada” (Heidegger, 1994, p.
30). Pero ¿puede y debe verse toda experiencia del mundo a través de esta óptica instrumentalista?
Creer que sí sería un reduccionismo, ya que esta visión sesgada de la realidad amenaza con ocultar
otras formas de desocultamiento del hombre que no correspondan al ojo calculador de la tecnología,
por ejemplo, los fenómenos afectivos-existenciales, el pensamiento meditativo, la contemplación, la
indeterminación, en fin, todo aquello que no pueda medirse con la vara de lo calculable.
El sinsentido aparece como un malestar existencial en el mundo tecnificado. Sin embargo, el sinsentido
no debe concebirse necesariamente como algo negativo o desesperanzador, sino como una
oportunidad para el autodescubrimiento a través de la confrontación con la nada y de la experiencia
de la angustia. En la instrumentalización de la técnica, el Dasein se relaciona de manera inauténtica
con el mundo y con su propio ser; es decir, adopta una postura pasiva o automática frente a la
tecnología, limitándose a su uso cotidiano y mecanizado, sin reflexionar sobre su sentido ni sobre sus
implicancias para la existencia. En la relación instrumental con la técnica, el mismo objeto tecnológico
o sistema inteligente se reduce únicamente a un medio para alcanzar fines, es decir, a un objeto
disponible (Bestand), sin detenerse en los modos en que esta afecta su propia existencia. No obstante,
es desde este estado que el Dasein puede reconocer el olvido del ser y percatarse de su distanciamiento
respecto de las preguntas esenciales, y aunque esta situación genere sensaciones de vacío y extrañeza
existencial de las que surge la angustia, el Dasein se enfrenta a la nada y a la incertidumbre.
Indudablemente este proceso de abertura es coyuntural y difícil de transitar, pero es ello lo que impulsa
a explorar nuevas formas de su ser-en-el-mundo. Afrontar la nada posibilita la apertura a nuevas formas
de vida y de autoconocimiento.
El presente artículo tiene como objetivo analizar, desde la perspectiva fenomenológica de Martin
Heidegger y con el apoyo de autores como Byung-Chul Han, Alain Ehrenberg y Viktor Frankl, cómo
la irrupción de la tecnología, especialmente la inteligencia artificial, ha transformado la experiencia de
sentido del ser humano y ha incidido en una pérdida de sentido, entendida como el olvido del ser y de
la autocomprensión ontológica. Metodológicamente, se empleará un enfoque fenomenológico, basado

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en la experiencia vivida del Dasein, para examinar cómo la técnica reconfigura la comprensión del
sentido. El análisis consistirá en una revisión crítica de conceptos clave en la obra de Heidegger,
principalmente en relación con el sentido, la angustia y la nada, y en examinar cómo estos conceptos
se actualizan en el contexto contemporáneo de la tecnología y la inteligencia artificial. Los aportes de
Byung-Chul Han, Alain Ehrenberg y Viktor Frankl serán integrados para enriquecer y contrastar la
perspectiva heideggeriana, lo que permitirá una discusión más amplia sobre las formas actuales de
pérdida y de búsqueda de sentido y su relación con la alienación tecnológica. Asimismo, se plantea
como hipótesis que, a partir de la pérdida de sentido, el ser humano dirige la mirada hacia su propio
ser y se contempla desde la angustia y la nada, lo que posibilita el reencuentro consigo mismo. Este
movimiento dialéctico entre sentido y sinsentido, como se argumentará en este artículo, convierte el
sinsentido en una posibilidad de apertura existencial hacia el encuentro ontológico con uno mismo. En
síntesis, la pregunta de investigación es: ¿cómo puede la relación contemporánea con la técnica
conducir al sinsentido entendido como apertura ontológica del ser?
METODOLOGÍA
Este estudio corresponde a un paradigma interpretativo, de enfoque cualitativo y carácter
hermenéutico-fenomenológico. El objetivo principal de este enfoque metodológico es comprender e
interpretar el problema del sentido humano desde la vivencia subjetiva en su relación con la tecnología.
Este artículo se inspira principalmente en la obra de Martin Heidegger, cuya reflexión filosófica sobre
la técnica moderna, en particular la Gestell, sirve de base conceptual para el análisis crítico de los
sistemas inteligentes y del problema del sentido. Adicionalmente, se discute en torno a los conceptos
heideggerianos de angustia y nada como mediadores de la apertura de sentido, hasta llegar al
encontrarse. Adicionalmente, se recurre al pensamiento de Byung-Chul Han para profundizar en el
análisis del impacto de los dispositivos tecnológicos en la experiencia y la subjetividad
contemporáneas, mientras que la visión de Viktor Frankl aporta la dimensión existencial del sentido
frente al vacío de la modernidad. Finalmente, el pensamiento de Alain Ehrenberg contribuye desde la
reflexión filosófica sobre el individuo y los estados emocionales que acompañan la vivencia del sentido

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en un mundo mediado por la técnica. Esta integración permite contextualizar el problema del
sinsentido en la subjetividad actual.
El procedimiento metodológico se desarrolla mediante una revisión bibliográfica exhaustiva de textos
clave de los autores principales (Heidegger, Byung-Chul Han, Viktor Frankl y Alain) para contextualizar
el marco teórico. En seguida. se realiza una descripción fenomenológica del contexto contemporáneo
tecnificado y de sus efectos en la experiencia humana, considerando testimonios, reflexiones y
fenómenos culturales relevantes como objetos de descripción. Posteriormente, se realiza el análisis
hermenéutico de categorías ontológicas como técnica, angustia, nada y encontrarse (Befindlichkeit),
tomando como base los textos filosóficos seleccionados y aplicando una interpretación sistemática y
comparativa de dichas categorías en relación con los fenómenos observados. Finalmente, se ofrece
una síntesis crítica que integra los hallazgos para comprender la dialéctica entre el sinsentido y el
sentido en la experiencia contemporánea. Así, las etapas detalladas a continuación proporcionan un
marco claro para el desarrollo riguroso del análisis. Esta secuencia metodológica permite ofrecer
transparencia en los procedimientos y favorece su comprensión.
El problema de la instrumentalización y el sinsentido
El hombre contemporáneo vive en un afán constante de conquistar lo inalcanzable y someterlo a su
dominio. En su afán por producir masivamente artefactos y estímulos para su comodidad y beneficio,
el propio hombre no ha logrado dar abasto con su propia generalidad. Desde este marco de exceso de
positividad y productividad, el hombre usa e interactúa con artefactos de manera desproporcionada, a
menudo de manera acrítica e incluso vacía. Por ejemplo, el uso de relojes inteligentes y de aplicaciones
de productividad, como los monitores de sueño o de actividad física , convierte el descanso y el cuerpo
en fuentes de datos estadísticos y de optimización personal. A través de estos dispositivos, las personas
supervisan sus propios niveles de actividad, sueño o concentración mediante algoritmos que
promueven un supuesto bienestar, pero que en realidad conducen al hombre a un terrible estado de
insatisfacción y autoexigencia. Así pues, no se trata solo de una pérdida de sentido individual, sino de
los costos éticos y ontológicos de esta lógica instrumental, que se reflejan en problemáticas sociales
más amplias, como la precarización del trabajo humano frente a la automatización, la erosión de la

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privacidad ante la vigilancia digital omnipresente o el impacto ambiental derivado del consumo
indiscriminado de recursos naturales. Así, la técnica, al extender su dominio, plantea desafíos urgentes
no solo para la existencia individual, sino también para las políticas públicas y la vida colectiva.
Para comprender mejor el alcance de este fenómeno, resulta útil considerar cómo lo han interpretado
distintos pensadores. Heidegger, en su texto La Pregunta por la Técnica (1953), advierte que el peligro
de la técnica moderna no reside en su poder destructivo, sino en su capacidad de encubrir el ser al
reducirlo todo a lo disponible (Bestand): “La técnica moderna arrastra al hombre a un modo de
revelación donde todo aparece como recurso.” (Heidegger, 1954/2006, p. 22). El problema de la
instrumentalización surge cuando el hombre se pierde en la lógica cuantificable, predecible y
optimizadora del mundo técnico, un mundo regido por lo que está disponible o por lo que es
instrumentalizable. Para Heidegger, la noción de Bestand denota una relación instrumental del hombre
con el mundo y la naturaleza, en la que, por ejemplo, la naturaleza se reduce a un mero "recurso
energético" disponible para ser explotado. Es una forma de manipular y disponer de lo que está a mano
como medio. Este reduccionismo pone en peligro al Dasein, ya que oculta lo propio del ser-ahí,
cosificando el mundo, perdiendo el sentido del ser.
El problema de la instrumentalización de la técnica radica no solo en el sometimiento y la dominación
de los artefactos y dispositivos, sino también en el olvido del ser mismo en la instrumentalización del
yo. Esta actitud de sometimiento a lo dado y la autoexplotación han hecho del hombre
instrumentalizador-instrumentalizado una víctima de sí mismo, que, como señala Heidegger, se coloca
ante sí mismo como objeto. Al respecto, Heidegger advierte que en la técnica moderna el hombre
puede verse como “material humano”, es decir, como un recurso disponible que puede optimizarse
(Heidegger, 1954/2002), y aquí reside su peligro: el olvido del ser. Este es el panorama del mundo
tecnificado, un mundo que se cree conocer, dominar y someter, pero que es, a su vez, ontológicamente
ajeno. Ya bien decía Heidegger: "lo ónticamente más cercano y conocido es lo ontológicamente más
lejano, desconocido y no visto" (1927/1951, p. 55).
Otro problema derivado de la instrumentalización es el de sentido. El Dasein, regido por la lógica de
la instrumentalización, se adentra en el peligro del olvido del ser y de la pérdida de sentido. Por

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ejemplo, revisar el teléfono móvil sin un propósito claro, sin atención ni reflexión sobre la experiencia,
reduce esta práctica a un movimiento automatizado, vacío de significado. Sin embargo, esto no
significa que toda experiencia tecnológica deba ser filosófica o trascendental, pero sí exige que tenga
un propósito. Por ejemplo, el uso de herramientas como ChatGPT para fines académicos o laborales
debe estar motivado por una intención consciente de aprender, que, si bien se beneficia de la
simplificación de una tarea, no prescinde de la actitud crítica de leer, cuestionar e interpretar una
respuesta sugerida, la cual de ninguna manera debe adoptarse como dogma o verdad absoluta. El
automatismo acrítico con el que el hombre interactúa con los dispositivos tecnológicos y los sistemas
inteligentes evidencia un vacío existencial que distorsiona las relaciones hombre-mundo y hombre-yo.
Martín Heidegger, al principio del capítulo tercero de su obra Ser y Tiempo (1927), expone cómo el
concepto de “mundo” no se ha tomado como una existencial “mundaneidad” sino como un objeto.
Para Heidegger (1927), esto resulta problemático, ya que la esencia del Dasein consiste en "ser-en-el-
mundo". De manera que no hay un dualismo hombre-mundo, sino una dualidad ser-en-el-mundo, lo
que significa que aquello que "hace parte" de este mundo es, a su vez, constitutivo esencial del Dasein.
"No hay nada semejante a una "contigüidad" de un ente llamado "ser ahí" a otro ente llamado 'mundo'"
(Heidegger, 1927/1951, p. 67). No comprender esta unidad radical conduce a la pérdida de la
experiencia del mundo como espacio de sentido.
Comprender la unidad hombre-mundo permite dotar de sentido la relación del Dasein con lo "que está
en torno". Al ser parte de esta unidad con el mundo, el Dasein se hace responsable de lo que "allí"
acontece, se dota de sentido y dota de sentido lo que hace parte de su "curarse de", de manera que se
posesiona en la apertura de y para sí mismo. Por ejemplo, el hombre tiene la libertad de tomar dos
caminos: por un lado, una relación responsable con la inteligencia artificial, en la que el hombre se
involucra activamente y reflexiona sobre el impacto de su uso; por otro, una relación instrumental, en
la que la tecnología se utiliza sin atención ni conciencia. Así, la urgencia ética del "curarse de" se vuelve
evidente, pues implica elegir entre dotar de significado y dignidad a nuestra experiencia o resignarnos
a la indiferencia y al vaciamiento. Pero ¿se está "curando de" la tecnología el hombre actual?
El Dasein, en su posibilidad de elegirse, puede conducirse por los senderos de lo "propio" o de lo

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"impropio". El sentido ontológico del ser del hombre determina la autenticidad del Dasein desde lo que
es por sí y desde lo que es para sí; es decir, desde el comprender lo que en realidad es. A este
“comprenderse” se le llama “lo propio”. Distintamente, lo "impropio" denota el "no curarse" de
comprenderse; es un "estado cerrado" en el que "ser-ahí" se enfrenta a un sinsentido en la facticidad de
lo óntico.
La interacción instrumentalista con la tecnología es impropia e inauténtica. En términos
heideggerianos, cuando nos relacionamos utilitariamente con la técnica, nos cerramos a nuestro ser
ahí, pues la técnica no nos permite encontrarnos. La forma en que el Dasein pasa del "estado cerrado"
al "estado abierto" es la manera en que el "ser-ahí" se pone frente a su propio "ahí". Este “ser abierto”
no significa una posición en la que el "Da" se ve como un "ante los ojos”, como un ente, sino, por el
contrario, es el fenómeno en el que se abre el ser y se da el encontrarse: "es una determinación
existenciaria de aquel ente que es en el modo del "ser" en el ‘mundo’” (Heidegger, 1927/1951, p. 152).
La pérdida del sentido de la existencia
El ser humano contemporáneo se enfrenta a una multiplicidad de estímulos que condicionan y
restringen su autonomía. La búsqueda constante de gratificación instantánea, el exceso de
productividad y un sentido distorsionado de la responsabilidad han transformado la esencia humana.
El hombre actual rara vez permanece en el presente; se concentra en una sola actividad o cultiva su
dimensión contemplativa, sumergido en este ritmo de vida. A veces reconoce intuitivamente que esta
situación lo desgasta, lo hace sentir vacío, lo desarraiga; no obstante, tiende a normalizarla e
interiorizarla para poder adaptarse:“El sujeto del rendimiento se explota a sí mismo, creyendo que se
está realizando” (Han, 2010, p. 22). Así, opta por continuar su vida asumiendo el peso de actuar en
contra de su naturaleza y se resigna a una identidad condicionada por las exigencias tecnológicas. Esta
identidad, aunque funcional en el contexto de los dispositivos tecnológicos, lo sumerge en una
contradicción constante que lo anula y lo convierte en una especie de enfermedad autoinmune. El yo
entra en conflicto consigo mismo; el individuo experimenta incomodidad existencial, se enferma y
pierde el sentido.
El hombre contemporáneo dedica horas a su teléfono móvil sin un propósito definido, condicionado

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por algoritmos que influyen en su pensamiento y sus emociones. Esta dinámica genera una adicción a
la dopamina que dificulta la pausa y funciona como una máscara frente al aburrimiento y al temor a la
inactividad. De manera instintiva, el individuo percibe que la causa de su insatisfacción no radica en la
actividad en sí, sino en una sensación de vacío persistente, aun cuando el dispositivo está siempre a
mano. En este contexto, surgen cuestionamientos sobre el sentido y la finalidad de sus acciones,
aunque persiste en su rutina. Detenerse se percibe como una pérdida de tiempo y entregarse a la
inactividad resulta inadmisible. Así pues, es necesario indagar qué condiciones permiten restablecer el
sentido del ser y propiciar el reencuentro consigo mismo.
Alain Ehrenberg, en su obra La Fatiga de Ser Uno Mismo: Depresión y Sociedad (1998), sostiene que el
individuo contemporáneo ha fracasado en su intento de alcanzar una auténtica relación consigo
mismo, lo cual contribuye a su estado depresivo. Este fracaso se atribuye, en parte, a la desconexión
con el entorno, a la pérdida de sentido y al exceso de responsabilidad, característicos del sujeto
orientado al rendimiento. Esta ruptura genera un sentimiento persistente de insuficiencia, ya que nunca
se logra estar a la altura ni alcanzar la condición de “uno mismo”. El término “llegar a” implica una
carrera interminable hacia un estado ideal en el que el ser finalmente se realiza. Surge entonces la
cuestión de qué significa ser uno mismo y cómo se relaciona con la problemática aquí expuesta.
Aunque esta pregunta requiere un análisis filosófico profundo, es posible afirmar que el encuentro
consigo mismo implica enfrentarse a la propia vulnerabilidad. Es precisamente en este estado de
vulnerabilidad cuando el yo se interroga sobre el sentido de su existencia.
Por otro lado, Viktor Frankl (1946/1996) sostiene que el sentido de la vida no constituye un agente
externo que se otorga como un don, sino que debe ser descubierto a través del sufrimiento y de la
tensión entre lo que uno es y lo que puede llegar a ser. “Si hay sentido en la vida, debe haber un sentido
en el sufrimiento” (Frankl, 1946/1996, p. 47). De este modo, el sufrimiento se convierte en un elemento
necesario para dotar de significado a la existencia y posibilitar el hallazgo del sentido. En este estado
de incertidumbre, el individuo transita por caminos de angustia y se “pierde” en la dolorosa búsqueda
de sí mismo, aunque esta pérdida no implica un extravío definitivo, sino la posibilidad de alcanzar
finalmente el sentido.

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Heidegger (1929) desarrolla una idea afín al referirse al estado de “suspenso”. Para este autor, la
angustia representa una condición de suspensión y de pérdida de control sobre el ente; se trata de un
estado contemplativo en el que el ente se desvanece y obliga a la introspección. La angustia confronta
al individuo con la incertidumbre de la nada, y es en ese momento cuando, al no poder aferrarse a
nada, se entrega a la experiencia de sí mismo. Un ejemplo contemporáneo de cómo la tecnología
propicia esta vivencia de vacío se observa en el uso de aplicaciones con desplazamiento infinito, como
las redes sociales. Al deslizar indefinidamente, el usuario entra en un estado casi automático, carente
de objetivo y de final, en el que el contenido se vuelve indistinguible y la sensación de suspensión se
intensifica. Esta dinámica refuerza la pérdida de control y sumerge al individuo en una vorágine
informativa que, paradójicamente, lo aleja tanto del presente como de sí mismo. De este modo, la
tecnología no solo condiciona la experiencia, sino que también genera escenarios en los que la “nada”
y la angustia descrita por Heidegger se integran en la vida cotidiana.
Alienación, rendimiento y subjetividad
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han (2015) describe al sujeto contemporáneo como un "sujeto de
rendimiento", autoexplotado y cansado, incapaz de detenerse. En la interacción hombre-tecnología, la
tecnología es la herramienta predilecta que el "sujeto de rendimiento" utiliza para su autoexplotación.
Inmerso en una carrera de constantes actualizaciones, un continuo reemplazo de aparatos, una lucha
incesante por estar a la vanguardia, el hombre se somete a un camino contrarreloj y contra sí mismo.
Esta lucha deja al hombre frente a un estado de absoluta vulnerabilidad e insuficiencia, lo aliena a una
carrera que difícilmente se gana y, por el contrario, lo condena a encajar en una sociedad de
rendimiento y cansancio. Lo absorbe en una falta de tiempo, en el temor a volverse improductivo, lo
convierte en un ser sobreestimulado que no tiene cabida para sí mismo y mucho menos para
cuestionarse preguntas esenciales. “Con la pérdida de la relajación, nos quedamos también sin el don
de la escucha atenta” (Han, 2015, p. 38). Esta desconexión de sí mismo lo lleva al sinsentido. Es la
imagen de un individuo frente a la pantalla, deslizándose sin rumbo por interminables feeds, sintiendo
el peso de cada notificación vacía; un instante en el que las horas pasan y, de pronto, todo significado
parece haberse disipado. El sujeto, atrapado en ese flujo incesante, se sorprende, incapaz de recordar

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lo que acaba de ver, perdido en la monotonía del contenido, experimentando la nada bajo la apariencia
de estar permanentemente conectado.
Las nuevas tecnologías han contribuido a este sometimiento y a la autoexplotación. Digámoslo: los
avances tecnológicos y la transfiguración del hombre como sujeto de rendimiento han crecido a la par,
se complementan y codependen. Para que este proceso sea claro, puede verse como una secuencia
en tres pasos: primero, la dependencia cada vez mayor de la tecnología, que lleva al individuo a confiar
en ella para organizar y sostener su vida; segundo, la interiorización de la tecnología, que provoca que
sus herramientas y lógicas se inserten en la subjetividad y se conviertan en parte integral del cuerpo y
la mente del sujeto; y finalmente, la distorsión de la realidad, donde esta interiorización transforma la
percepción del mundo y de uno mismo. He ahí cómo la técnica, más que una amenaza externa, se ha
convertido en la condición fundamental que gesta y perpetúa este paradigma humano. La dependencia
de la tecnología ha cambiado sustancialmente la esencia del hombre, al arrebatarle lo que es por
naturaleza: ser contemplativo. La tecnología se ha interiorizado hasta el punto de convertirse en una
extensión más del cuerpo y ha logrado distorsionar la realidad. Esto coincide con la tesis de Álvarez
(2008): el hombre actual está tan imbricado en el tejido técnico que ya no puede distinguir entre lo real
y su representación. Por ejemplo, la "transparencia", o más bien la permeabilidad, total de las redes
borra toda intimidad y convierte la existencia en una mercancía visualizable.
La angustia y la nada: condiciones del encontrarse
Una de las características del hombre de ciencia y tecnología es el determinismo. La investigación
científica busca explicar los fenómenos desde lo que son y no desde lo que no son, es decir, se trata de
estar ante la expectativa del ente y nada más que el ente. El temor es propio de la angustia en sentido
tradicional, ya que se concibe como una amenaza ante un posible peligro; en otras palabras, lo que se
entiende normalmente por angustia es un temor o miedo ante una amenaza manifiesta. La angustia,
en cambio, surge de manera difusa e inexplicable, como una sensación de vacío existencial en mitad
de la noche, sin causa aparente, solo la opresión de lo indefinido. Sin embargo, Heidegger logra ver
más allá de este paradigma. Para Heidegger, la angustia es la experiencia radical de la nada. "La
angustia revela la nada. La nada es la posibilidad de la revelación del ente como tal para el ser humano"

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(Heidegger, 1929/1970, p. 47). En este sentido, el temor, visto como amenaza ante lo que aparece, no
forma parte de la constitución temporal-existenciaria de su estructura; de hecho, es impropio. Lo
propio del temor es "estar a la expectativa" y solo se puede estar a la expectativa cuando no es
determinable o aún no ha aparecido lo que genera tal estado. Así pues, en la angustia, el hombre se
sumerge en un "estado abierto" que da acceso a la nada, es decir, a lo indeterminado, lo incognoscible,
lo incontrolable, lo ajeno al mundo de lo instrumentable y de lo técnico.
La angustia se abre ante la nada desde el sinsentido. La nada no es una simple negación del ser, sino
una apertura ontológica. En la angustia, todo sentido habitual se disuelve y el Dasein se enfrenta a sí
mismo como posibilidad. Esta desestructuración del sentido cotidiano es el sinsentido y también la
condición de posibilidad de una existencia auténtica. La nada es la forma en que el ser se revela y es
en la indeterminación de la nada donde el hombre logra experimentar su ser, ahí, en su forma más
pura; se abre a su propio ser y se encuentra.
Dialéctica del sinsentido: Búsqueda del encontrarse.
La dinámica entre el sentido, el sinsentido y el encontrarse constituye una dialéctica existencial que se
origina en la angustia, la nada y la serenidad. El hombre se aproxima a la tecnología en busca de un
sentido a su existencia. En esta vivencia, el hombre se enfrenta a una experiencia en la que puede
evidenciar un sentido propio o impropio del ser, según el tipo de relación que haya establecido con
ella, a saber, instrumental o no instrumental. Como ya se ha discutido, la relación instrumental con la
tecnología lleva a un sinsentido que obliga al hombre a que se confronte con la nada y se entregue a la
angustia; en esta experiencia, el hombre puede cuestionarse por su ser y es allí donde su propio ser se
observa como ser ahí, arrojado, vulnerable, es decir, un “encontrarse”. Este “encontrarse” no se reduce
a redescubrir una esencia preexistente, sino a crear sentido en medio de la incertidumbre; es un
encontrarse con el sentido significativo de lo otro a través de la comprensión de sí mismo.
Como parte de la constitución existencialista de “ahí”, Heidegger introduce el concepto de Befindlichkeit
en su obra Ser y Tiempo (1993), traducido como “estado de ánimo”, “disposición afectiva” o
“encontrarse”. Es necesario partir del supuesto de que, para Heidegger, el Dasein es siempre un estado
de ánimo, y es precisamente el estado de ánimo lo que coloca al ser en su “ahí”. “Decimos que el

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Dasein siempre se encuentra de algún modo. Esta expresión significa, en principio, que en su ser está
siempre ya entregado a un estado de ánimo” (Heidegger, 1927/2014, p. 133). En este sentido, el Dasein
está siempre afectivamente abierto al mundo. Esta apertura del ser no es de carácter racional ni un
simple estado psicológico, sino una estructura ontológica fundamental del Dasein (ser-ahí), mediante la
cual se abre el mundo y permite comprender nuestro ser desde el sentir. “El encontrarse no solo
descubre el Dasein en su ‘cómo está’, sino que abre también el estar-en-el-mundo en su totalidad”
(Heidegger, 1927/1951, p. 134). Uno de los aportes fundamentales de Heidegger consiste en mostrar
que la comprensión no es exclusivamente racional. Antes de pensar, ya nos encontramos; antes de
juzgar, ya estamos afectados. Esto significa que los estados afectivos tienen una función cognitiva: son
modos de apertura que permiten que los entes se nos revelen como significativos.
La serenidad (Gelassenheit): encontrarse en el mundo tecnológico.
Tras la experiencia de la angustia, el hombre puede entregarse a la experiencia de encontrarse, como
un “reencuentro”, con el mundo como espacio significativo. En su escrito La Serenidad (Gelassenheit)
(1955/1989), Heidegger propone la serenidad como una actitud necesaria frente al dominio de la
técnica moderna. La Gelassenheit consiste en un dejar-ser, en la capacidad de habitar el mundo sin
pretender controlarlo. Este concepto adquiere una fuerza particular cuando se lo contrasta con la
cultura actual del “siempre conectado”, en la que la vida cotidiana transcurre bajo la presión constante
de notificaciones, mensajes emergentes y la exigencia de responder de inmediato a múltiples estímulos
simultáneos. Mientras la sobrecarga de información y la multitarea tecnológica empujan al individuo
al agotamiento y a la dispersión, la serenidad heideggereana desafía radicalmente este estado al
proponer una actitud de pausa y apertura, capaz de restituir una relación más auténtica y libre con el
mundo.
Heidegger nos invita a relacionarnos con la técnica de un modo cercano y lejano a la vez: es decir,
"usar" los objetos tecnológicos "tal como deben ser aceptados", pero, al mismo tiempo, dejar que estos
objetos "descansen en sí, como algo que en lo más íntimo y propio de nosotros mismos no nos
concierne" (1989, p. 8). En suma, es legítimo e incluso necesario que el hombre interactúe con la
tecnología, pero debe ser precavido al hacerlo, guardándose del peligro de que la tecnología, en

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palabras de Heidegger, "devaste nuestra esencia" (1989, p. 8). "Pero también podemos hacer otra cosa.
Podemos usar los objetos técnicos, servirnos de ellos de forma apropiada, pero manteniéndonos a la
vez tan libres de ellos que en todo momento podamos desembarazarnos (lassen) de ellos" (Heidegger,
1989, p. 8).
Ahora bien, ¿cómo puede el individuo decidir cuándo adoptar una actitud cercana y cuándo tomar
distancia frente a la tecnología? Una manera práctica de guiarse por el consejo de Heidegger consiste
en formularse una pregunta orientadora antes de cada uso: "¿Favorece este dispositivo mi fin
significativo o solo satisface una demanda superficial de inmediatez?" Si la respuesta lleva a percibir
que el uso del objeto tecnológico contribuye a un propósito esencial o significativo para el propio ser,
entonces es legítimo integrarlo en el propio quehacer. Sí, por el contrario, la tecnología solo promueve
la distracción, acelera o vacía el sentido de la experiencia, entonces, es momento de dejarla "descansar"
y volver la mirada hacia aquello que realmente enriquece la existencia.
Así, la serenidad se presenta como el fruto de un recorrido ontológico: tras la experiencia de la angustia
y la confrontación con la nada, el ser humano puede aprender a encontrarse poéticamente en el
mundo, incluida la tecnología. En este trayecto, la apertura al misterio exige aceptar nuestra propia
condición de arrojados y vulnerables ante una realidad que nunca termina de revelarse del todo.
Asimismo, Heidegger (1989) señala que se requiere apertura al misterio, es decir, a la actitud por la
que nos mantenemos abiertos al sentido oculto del mundo técnico, lo que nos permite interactuar con
el mundo tecnológico, pero, a su vez, estar al margen de su amenaza. En última instancia, solo quien
acoge su vulnerabilidad puede habitar de modo auténtico un mundo técnico en el que el sentido no
está nunca totalmente asegurado, sino que permanece siempre en la tensión entre el control y el
asombro ante lo desconocido.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
En primer lugar, este artículo mostró que la técnica moderna, concebida como lógica instrumental
(Gestell), transforma tanto el mundo como al Dasein en recursos disponibles: "El desocultamiento que
domina la técnica moderna tiene el carácter de una provocación que exige de la naturaleza que

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suministre energía que pueda ser extraída y almacenada" (Heidegger, 1954/2003, p.121). Dicho de otro
modo, aunque la tecnología y los sistemas inteligentes de IA muestran diversas posibilidades para el
Dasein: "La técnica es un modo de salir de lo oculto" (1954/2003, p.120) y muchas de estas
posibilidades pueden resultar útiles ante las exigencias actuales, su carácter instrumentalista dificulta
que el ser se desoculte por sí mismo. Por ejemplo, buscar la respuesta académica en chatgpt provoca
un condicionamiento del pensamiento que moldea nuestros paradigmas. Por lo tanto, "El peligro no
reside en la técnica. No hay demonismo alguno de la técnica. El peligro reside en el Gestell" (Heidegger,
1954/2002, p.36). Cabe preguntar entonces: ¿qué tipo de realidades podrían quedar ocultas por la
Gestell debido a su naturaleza provocativa y por qué esto representaría una problemática para el ser
humano contemporáneo?
El Gestell de las nuevas tecnologías no solo convierte todo lo existente en fondo de reserva o en
instrumento, sino que también muestra una estructura ontológica que condiciona cómo
comprendemos y nos relacionamos con la realidad y que va más allá de su mera función técnica. El
problema es cómo el Dasein interpreta el mundo y a sí mismo a través de la tecnología. Este artículo
busca mostro que, a diferencia de quienes ven la Gestell solo como un mecanismo de dominación o
alienación propio del pensamiento técnico occidental, esta puede entenderse como una dialéctica
entre ocultamiento y posibilidad, o entre sentido y sin sentido. Así, aunque la Gestell cosifica el ser y
provoca una pérdida de sentido ontológico, también evidencia la urgencia de una nueva interrogación
ontológica. Por lo tanto, la técnica moderna no debe verse solo como causa de alienación, sino como
el medio por el cual el sinsentido se vuelve visible. Así, aunque la relación instrumental del ser humano
con la técnica se oculta, pero también revela la necesidad de buscar sentido.
Este análisis también puso en evidencia que la relación instrumental con la tecnología intensifica y
facilita dinámicas que afectan al sujeto contemporáneo, reduciéndolo a un agente de rendimiento y de
autoexplotación. Esta condición se manifiesta en la necesidad de hiperproductividad y optimización
constantes, lo que genera estados de agotamiento, alienación y desconexión existencial; sin embargo,
es desde estos estados donde nace el detonante de una crisis que active la búsqueda de sentido. Es
desde la angustia, el sinsentido y la nada que el hombre pregunta por su ser. Llega a encontrarse.

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Profundizando en este punto, el presente análisis ilustró cómo la relación instrumental hombre-
tecnológica es inauténtica y pone al Dasein ante la angustia, pero se recalcó que esta experiencia no
es exclusivamente negativa, pues expone la estructura ontológica del Dasein como posibilidad de
encuentro consigo mismo. Así pues, el verdadero desafío de la técnica no reside únicamente en sus
efectos sobre la organización social o la subjetividad, sino en la forma en que determina y condiciona
la relación misma del ser humano con el ser.
Por último, este análisis también puso de manifiesto que el sinsentido surge de la desconexión del
individuo con su propio ser. La noción de sinsentido alberga una profunda estructura dialéctica, pues
opera simultáneamente como velo y como desvelamiento del ser. Por un lado, el sinsentido oculta el
ser al reducirlo a mera funcionalidad e instrumentalización: el individuo, atrapado en dinámicas
técnicas, pierde de vista el sentido originario de su existencia y se relaciona con todo en términos de
utilidad. Sin embargo, este ocultamiento no es absoluto; en su propia experiencia de vacío y
extrañamiento, el sujeto se ve confrontado con la nada. Si bien es cierto que el sinsentido revela
negativamente la necesidad de sentido, no es la “ausencia” absoluta de sentido; es decir, no es un
espacio vacío, sino un espacio potencialmente habitado por la posibilidad de interrogar el ser mismo.
En este movimiento dialéctico, donde la instrumentalización que anula el sentido es un sinsentido, es,
al mismo tiempo, la condición que permite al individuo reconocer la “carencia” y abrir una búsqueda
de significado más profunda. Por ende, esta tensión, lejos de cerrarse sobre sí misma, constituye el
núcleo de la experiencia existencial contemporánea, que parte de la negación hasta la apertura. Para
concluir, este análisis propuso la serenidad (Gelassenheit) heideggereana como base que sostenga el
habitar el mundo tecnológico sin quedar atrapado en su lógica instrumental. Esta actitud permite una
relación libre con la técnica y posibilita el reencuentro con el ser. No obstante, este estado representa
a la vez una apertura hacia la interrogación existencial y, por lo tanto, una oportunidad para la búsqueda
de sentido.
CONCLUSIONES
El análisis realizado en este artículo permite concluir que, si bien la relación inauténtica con la
tecnología compromete el sentido del Dasein como ser abierto a encontrarse a sí mismo, ello no

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implica que sea un camino irresoluble o catastrófico; más bien, es una oportunidad que forma parte de
una dialéctica existencial en la que el sinsentido se revela como condición de posibilidad para el
encontrarse. La crisis de sentido que se evidencia en el mundo actual es un síntoma de una sociedad
que ha perdido la relación auténtica con su ser. La relación instrumental e inauténtica con la tecnología
se manifiesta en la pérdida de sentido. Sin embargo, este análisis muestra cómo, desde la crisis
ontológica-existencial del Dasein, el hombre se enfrenta a la angustia, entendida como la inquietud
existencial que surge ante la apertura del ser y ante la conciencia de la nada. Tal como señala
Heidegger en 'Ser y tiempo', la angustia desvela al Dasein su propio ser y lo confronta con la nada.
Desde allí, el Dasein puede reconocerse y afirmarse en medio de la experiencia tecnológica, pero desde
una perspectiva crítica y existencialmente situada, como forma de resistir la reducción del mundo a lo
meramente disponible y de abrir así la posibilidad de una autenticidad existencial (Heidegger, 1927).
Sartre también advertía en su obra 'El ser y la nada' que es precisamente la experiencia del vacío y el
absurdo la que permite al sujeto asumir su libertad y responsabilidad existenciales (Sartre, 1943).
Asimismo, este trabajo concluye que, en la era actual dominada por sistemas inteligentes de
inteligencia artificial, constituye tanto un desafío como una responsabilidad reflexionar sobre las
medidas a adoptar frente a la crisis de sentido. No se trata de rechazar la tecnología, sino de habitarla
con serenidad, permitiendo que el ser humano no se pierda en ella, sino que logre encontrarse a sí
mismo. En este contexto, surgen interrogantes relevantes como: ¿De qué manera las nuevas
tecnologías pueden amenazar el sentido existencial del ser humano? ¿Por qué lo que se manifiesta del
ser humano en las redes tecnológicas puede interpretarse como sinsentido y, a la vez, cómo puede
esto propiciar el autodescubrimiento?
Sin embargo, el mayor aporte filosófico de este artículo consiste en comprender que el sinsentido no
es un estado meramente negativo y permanentemente cerrado del Dasein, sino que constituye una
posibilidad de apertura ontológica que, a través de la angustia y la experiencia de la nada, permite una
reconfiguración del sentido del ser. Por lo tanto, la técnica no debe pensarse exclusivamente como
una amenaza o un obstáculo para el encontrarse del Dasein, sino que, por el contrario, puede llegar a
ser una posibilidad misma de una existencia auténtica. Sin embargo, para que esto ocurra, la relación

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hombre-técnica no puede ser netamente instrumental, sino que debe respetar los elementos
constitutivos del ser del Dasain como ser en el mundo. Al respecto, es importante y apenas justo
recalcar que existen posiciones críticas, como las de Adorno y Horkheimer, que advierten sobre los
peligros de la racionalidad instrumental, al señalar que la integración de la técnica en la vida cotidiana
no necesariamente favorece ni posibilita la relación auténtica del hombre con la tecnología, sino que,
de hecho, puede profundizar la alienación y la masificación. Pero, tal como afirma Hölderlin, citado
por Heidegger: "Pero ¿dónde está el peligro, crece también lo que salva?" (Heidegger, 1953, p.). Así
pues, la invitación de esta propuesta reflexiva es aludir a una manera más humana de habitar el mundo
y a una técnica basada en la sensibilidad, la creatividad y la apertura existencial, en lugar de un dominio
puramente instrumental. A través de estos caminos, el hombre puede recuperar una relación poética
con la técnica y, por ende, consigo mismo y con los demás.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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técnica, Revista Civilizar, 8(15), 149–162.
https://www.redalyc.org/pdf/1002/Resumenes/Resumen_100212243011_1.pdf
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Han, B. C. (2015). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.
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https://doi.org/10.5354/0718-4360.1958.4500
Heidegger, M. (1970). ¿Qué es la metafísica? y otros ensayos (Trad. Xavier Zubiri) Buenos Aires:
Ediciones Siglo Veinte.
Heidegger, M. (1951). Ser y tiempo (Trad. J. Gaos). México: FCE.
Heidegger, M. (1989). Serenidad Gelassenheit (Trad. Yves Zimmermann) Barcelona: Ediciones Serbal.
https://apuntesfilosoficos.cl/textos/Heidegger%20-%20Serenidad.pdf