
Recibido: 10/03/2026 Aprobado:12/04/2026
Vol 6 N|1
1394 | P á g i n a
DOI: https://doi.org/10.70208/3007.8245.v6.n1.407
Deconstrucciones: experimentación de espacios de arte en torno a la
deconstrucción
Fredy Castro Apaza
castroapazafredy@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-0938-9094
Investigador Independiente
RESUMEN
Deconstruir, descomponer, también posibilita potencias ordenadoras en lo que se refiere a distintos
modos de expresión que transitan no solo por las formas de la creación, sino también por formas de
existencia y pensamiento. El pensamiento creativo está abierto a la búsqueda de un territorio propio y
al cruce de formas y experiencias. De esta manera, Deconstrucciones se basa en develar momentos de
imprevisibilidad en el ámbito artístico, arquitectónico e incluso cotidiano. El descubrimiento de
dimensiones inéditas en la vida cotidiana representa, desde esta misma perspectiva, un
enriquecimiento de las posibilidades de la experiencia creativa del ser humano. Dicho así,
Deconstrucciones presenta síntomas de una aparente contradicción que, sin embargo, constituye una
valiosa muestra de actitudes reflexivas coherentes frente al compromiso con la tradición, al tiempo
que funda una sistemática devaluación de los valores existentes, normados, aceptados y establecidos.
Es decir, se vuelve a contextualizar el arte en la vida, en lo cotidiano y en lo esencial, permitiendo que
recupere su carácter transgresor y transformador de la conciencia. Este artículo expone posibilidades
para la creación de espacios de arte mediante procesos y estrategias proyectuales deconstructivas.
Palabras clave: deconstrucción, espacio, estrategia, arquitectura, experimental

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Deconstructions: experimentation of art spaces around deconstruction
ABSTRACT
Deconstructing, breaking down, also enables organizing potentials with regard to different modes of
expression that move not only through forms of creation, but also through forms of existence and
thought. Creative thinking is open to the search for a territory of its own and to the intersection of forms
and experiences. In this way, Deconstructions is based on revealing moments of unpredictability in
artistic, architectural, and even everyday contexts. The discovery of unprecedented dimensions in daily
life represents, from this same perspective, an enrichment of the possibilities of human creative
experience. Thus, Deconstructions presents signs of an apparent contradiction which, however,
constitutes a valuable demonstration of coherent reflective attitudes toward a commitment to tradition,
while simultaneously establishing a systematic devaluation of existing, regulated, accepted, and
established values. In other words, art is recontextualized within life—in the everyday and in the
essential—allowing it to recover its transgressive and consciousness-transforming character. This
article presents possibilities for the creation of art spaces through deconstructive design processes and
strategies.
Keywords: deconstruction, space, strategy, architecture, experimental

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INTRODUCCION
La deconstrucción como corriente filosófica ha influido notablemente en la arquitectura y las artes
visuales. Desde su inicio, ha cuestionado las nociones convencionales de estructura, forma y orden,
provocando una ruptura con las normas establecidas de la expresión artística. No se restringe a ninguna
técnica o estilo, sino que constituye un enfoque que promueve la ruptura, la transgresión y la
reconfiguración de los elementos espaciales para establecer un diálogo entre lo conocido y lo
desconocido, lo ordenado y lo caótico.
Deconstrucciones supone otra de las categorías innegablemente modernas. Desde la adopción del
desarrollo aleatorio de la materia sometida a manipulación como método de creación, vemos la
importancia de la acogida a los estímulos de la experimentación. De tal modo, hay esperanzas de
creación innovadora puestas en él, por otro lado, una cierta línea ideológica, que se expande en la
modernidad y que provocará el uso de tal categoría precisamente en base a esas esperanzas
despertadas. En esta ocasión veremos que se dan maneras diferentes de hacer arte, rompen con la
bidimensionalidad, en muchos casos incorporando la realidad a la obra, disolviendo el formato
rectangular, incorporando elementos y materias dispares dentro de una misma propuesta, como son
los desperdicios y fragmentos, liberándose de las composiciones bellas y armónicas, asumiendo lo
cotidiano al hacer artístico. Son estos pasos en parte responsables de los criterios de la
experimentalidad y esta tarea incorpora la vida al arte.
La deconstrucción va más allá de un simple paseo y se sumerge en la búsqueda de nuevas formas de
expresión y discurso, en tanto no se atascan o congelan en una convención o códigos visuales. A través
de la experimentación, hay una búsqueda constante e implacable por modelar una nueva concepción
de la realidad y del objeto plástico principalmente. Entre estas condiciones son de interés particular la
fusión de las artes y técnicas, la incorporación de nuevas formas de percibir y sentir la creación, lo cual
está íntimamente entrelazado con los roles que asume el creador y las diversas concepciones del hacer
creativo que se enfatizan en la investigación con materiales y técnicas extrapictóricas, formales que
dan nacimiento a nuevos conceptos del objeto arquitectónico y plástico.

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Como síntesis deconstructiva, se desarrolla un proyecto arquitectónico emplazado en el Salar de
Uyuni, donde la estrategia deconstructiva será aplicada al proyecto experimental, teniendo la cualidad
de generar espacios no convencionales para la exposición y creación de arte asimismo su relación con
el artista, rescatando la singularidad del lugar (Salar de Uyuni).
METODOLOGIA
La metodología de esta investigación se estructura en dos fases complementarias —teórica y
proyectual, —que permiten integrar el estudio ontológico del espacio con la experimentación material
y el diseño arquitectónico aplicado al contexto del Salar de Uyuni.
Fase 1: investigación teórico–conceptual
Deconstrucción, experiencia de lo imposible: origen
Uno de los fenómenos más grandes en la filosofía sin duda es la cuestión por ella misma y eso es lo
que ocurre con la deconstrucción, teoría tan compleja desarrollada por el filósofo Jacques Derrida. El
punto de ataque de la deconstrucción en primera instancia es el problema del lenguaje y el
logocentrismo radicado. En este sentido encontramos un hilo común entre el lenguaje de Heidegger,
precisamente en Ser y tiempo (Heidegger M. , 1927), texto en donde aparece “Destruktion”. La tarea
heideggeriana tuvo también la misma perspectiva de destruir la metafísica occidental, aquello que
siempre estuvo jerarquizado, categorizado y sistematizado. Si bien Derrida ha tratado con más
amplitud esta teoría, al final no da una acepción exacta, sino que propone una multiplicidad de
interpretaciones. Él nunca se imaginaba que tal término pudiera llegar tan lejos como algunas palabras
que solía utilizar, como Huella o Différance. Este término alcanzó tal repercusión porque surgió en un
momento donde primaba el estructuralismo y hablar de desestructura o desestructuración tenía una
resonancia. También aparecen en otros escritos, pero sin llegar a definirnos, pero se da una clara idea
sobre la deconstrucción:
“No es un conjunto técnico de procedimientos discursivos, constituye menos todavía las reglas
de un nuevo método hermenéutico (…) constituye más bien una toma de posición en el trabajo”
(L'autre, 1982)

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Derrida no es el autor del término tampoco; es el único filósofo deconstructivista, también están los
teóricos Deleuze y Guattari (Gilles Deleuze, Félix Guatarri, 1997), que conjuntamente influenciaron a
los arquitectos. Jacques Derrida da la vuelta a la tradición filosófica, lo encara desde todas sus
posiciones como un analista, lo analiza y logra alcanzar la radicalización de la filosofía; lleva al límite,
desestabiliza o desnaturaliza los conceptos establecidos. Lo que hace Derrida es la descimentación del
puesto cómodo de la filosofía. Las definiciones no son exactas y precisas, puesto que Derrida, al igual
que Heidegger, recurre a la fórmula de definir a partir de lo que “no es” para no caer en la contradicción
de su propio sistema, o tratar de definir algo cuya esencia es no serlo; también utiliza otras palabras
similares como desestructurar o deconstruir para explicar sus ideas.
El término es confuso, opaco, enredado y enmarañado, al cual algunos críticos de la época consideran
torpe e inadecuado, ya que la palabra no existe y es un neologismo para definir lo indefinible, y otros
historiadores y críticos muestran resistencia a utilizar la expresión. A ello se produce una gran variedad
de terminologías o supuestos sinónimos como de-construir, desintegrar, desarreglar; descomponer,
desestructurar, deconstituir, explotar, fragmentar, ambigüedades, contradicciones, diferencias,
permutación, dislocación, juego, etc. Como se ve a partir de esa flexibilidad conceptual, el espectro
léxico es innumerable, pero de hecho algunas merecen mayor atención que otras y es necesario
puntualizarlas. Por ejemplo, las palabras desestructurar y deconstituir son términos que se han utilizado
como sinónimos y que aluden principalmente a ese hecho de transformación de algo en sus
componentes más pequeños o como trastocar su base estructural o mecanismo. El mismo Derrida
menciona:
Creo así mismo en la necesidad del desmontaje de sistemas, creo en la necesidad del análisis de
las estructuras para ver lo que ocurre allí donde funciona, allí donde no funciona, por qué la
estructura no llega a cerrarse, etc. Derrida (L'autre, 1982)
En principio, el prefijo De o Des involucra carencia, privación, y esto implica referirse a esos términos
de sustancia o significado negativo. Al respecto, son interesantes los comentarios de Tschumi en su
libro Architecture and Disjunction (Tschumi, 2004) en el capítulo titulado “De, Dis Ex” . En líneas
generales, la deconstrucción no supone término ni definición, lo cual creemos que es de libre

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interpretación y ofrece un campo amplio, variado y complejo del saber. Pareciera que Derrida es aquel
filosofo que llega a la cúspide del cuestionamiento y la crítica, de sobremanera remueve toda la base
consistente de la filosofía hasta esos momentos y también llega a esa cima de la hermenéutica o
postmodernidad; la deconstrucción en un sentido directo, es el fin de muchos fundamentos incluso
lingüísticas en el sentido de coherencia gramatical o sintáctico y claro que esto se refleja en casi todos
sus escritos ya que si seguiría en la misma línea del academicismo cometería el error de contradecir a
lo que estaba planteando, es decir, no había otro más que él para aplicar y explicar a lo que se sujetaba
y muchos se cuestionaron diciendo de que cuál es la necesidad de escribir de una manera tan enredada
y oscura, y de cierta manera tiene un propósito e intención, a partir de esto Derrida se excluye de ese
normado lenguaje, se salta de aquella convencionalidad de escribir y va fuera del logocentrismo.
“Hemos identificado el logocentrismo y la metafísica de la presencia como el deseo exigente,
poderoso, sistemático e irreprimible de dicho significado trascendental.” (Derrida J. , 1967)
En la historia de la filosofía se dieron argumentos y conceptos racionales en torno a algo, como por
ejemplo al espacio, y de ello uno es el que sobresale desplazando una cantidad de afirmaciones; esto
sucede porque está sujeto a instituciones o intereses particulares en términos foucaultianos. (Foucault,
1979). De igual manera, en torno al logocentrismo hay algo que se denomina la metafísica de la
presencia; ello consiste en explicar las cosas a partir de únicamente lo que vivimos, vemos y sentimos
en nuestra presencia; también es algo que se cuestiona la deconstrucción. No puede haber cosas
generalizadas ni cúmulos de universalización. La deconstrucción no es una cuestión teórica, sino que
es una actitud de vida, un hacer cuestión de aquellas verdades.
La deconstrucción como productor de nuevo conocimiento
La metáfora arquitectónica es el título que se dio a una entrevista de Eva Meyer hacia Jaques Derrida
en 1985 (Meyer, 1985), donde se consulta acerca de si la deconstrucción bloquea la producción de
conocimiento a lo que Derrida contesta:
“[…]dicho esto, no creo que la deconstrucción sea sólo o esencialmente aquella operación que
según dice usted, destruye la producción de conocimiento. No. O, mejor dicho, lo hace y no lo
hace. Por una parte, puede de hecho bloquear o interrumpir cierto tipo de obra, de trabajo

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intelectual; pero, por otro lado, indirectamente produce conocimiento, indirectamente provoca
una obra” (Derrida J. , 1999)
Por su naturaleza libre, la deconstrucción, al manifestarse, lo que hace es, en el momento que se
cuestiona algo, rebuscar dentro y conocer la estructura para luego interrogarla, cuestionarla, etc. En
este proceso habría la posibilidad de que se interrumpa el rumbo o dirección de ese conocimiento.
Pero al hacer ello, la deconstrucción por esencialidad no busca la “destrucción” total, sino que remite
a una nueva posibilidad de configuración de esa estructura en la cual ha sido actuada, permitiendo
nuevas posibilidades y rumbos de la que estuvo en su estado inicial. De esta manera, la deconstrucción
permite la producción de nuevo conocimiento. Esta parte ha sido importante resaltarla y proponer
algunos ejemplos, no solo como muestra, sino para apreciar su operatividad.
Como ejemplo se podría mencionar a la lectura en la obra de (Cortázar, 1963) titulada Rayuela,
publicada en 1963. La intención de nombrar esta obra maestra de Cortázar es por el hecho de que
tiene una particularidad como novela y libro. Un libro estructurado de manera convencional permite
la lectura de un inicio marcado y un final, que se debiera leer de manera continua en función de las
páginas de manera lineal ascendente; en este caso, de Rayuela, lo que se verá es algo totalmente
diferente. Cortázar elabora un “tablero de dirección”, el cual tiene posibilidades diferentes de leer un
libro. En primer lugar, Cortázar en el tablero de distribución habla de dos libros, no los trata como
versiones distintas, sino que fundamenta desde el inicio que la primera estructura del primer libro es
diferente a la de la segunda; como dos distintos. Entonces, de esto podemos llegar a resaltar que existe
una estructura adaptativa y libre en el total de Rayuela, que permite nuevas posibilidades de lectura y
encontrar una trama distinta en el contenido de cada libro. La estructura inicial ha sido desestructurada
por el segundo libro, generando un nuevo sistema de ideas; este no tiene identificación visual de un
inicio y un fin, su forma de lectura no se rige de la forma convencional y su final no está remarcado por
el número de páginas que contiene en totalidad Rayuela.
A lo que se quiere llegar es a que se tiene una nueva producción; un nuevo nacimiento del contenido
inicial que hubo, las cuales, al ser desestructuradas, generan un nuevo cuerpo, un cuerpo propio, que
Cortázar mismo denomina como dos libros.

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Deconstruccion; mas alla de los limites tradicionales de las artes
Más allá de los límites tradicionales de todas las artes, la deconstrucción desafía las reglas que han sido
repetidas y heredadas, los códigos que enmarcan las artes plásticas, la música, la literatura o la danza,
como si fueran compartimentos estancos y no flujos cambiantes. Derrida nos demuestra que todo
texto, toda obra es un tejido de diferencias, de presencias y ausencias que nunca se completan, siempre
están inconclusas. Por eso, el arte deconstruido deja la búsqueda de la unidad y las formas puras para
habitar las fronteras, el cruce, el resto. Cuando el arte se deconstruye, rompe la falsa neutralidad del
canon y hace visibles las voces silenciadas, discursos subalternos y cuerpos que no estaban en el
cuadro. De esta manera, la deconstrucción se convierte en una apertura ética: rompe la clausura de
la obra y permite al espectador participar activamente en la creación de sentido.
Respecto a lo mencionado, nos preguntamos: ¿cómo podría ser una poesía deconstruida? Podríamos
decir que no pertenecería a ningún estilo literario, ni fijado en alguna categoría estable tradicional, sino
que tendría una actitud filosófica radical hacia el lenguaje poético, una forma de escritura que resiste
la clausura del significado. La poesía deconstruida, en lugar de transmitir significados cerrados,
transmite en gran medida las fisuras que existen entre el signo y el significado, cuestionando toda la
realidad de sentido o verdad absoluta. Esta poesía es un lenguaje que se pliega sobre sí misma, se
cuestiona, se interrumpe, se hace y se deshace constantemente. No afirma nada, se abre al vacío, a lo
indeterminado, se sumerge en las ambigüedades. Así, la poesía se libera de todas las ataduras
representacionales y se entrega enteramente a la libertad del juego, la diferencia, y nunca termina de
decir todo. Desde esta perspectiva, la obra no es un objeto, sino una experiencia inefable; no es un
monumento, sino un proceso, un diálogo o una pregunta continua. En definitiva, la deconstrucción es
una petición radical de libertad creativa e intelectual, del derecho a preguntar qué está más allá de los
límites y, si estos caminos no lo están, a que se muestre una creación. El arte deconstruido explora y
se plantea preguntas en lugar de buscar respuestas.
Implicaciones de la deconstruccion en nocion al habitar
La deconstrucción, tal como plantea Derrida, desmorona las bases de los sistemas conceptuales al
desvelar sus suposiciones encubiertas, sus estructuras jerárquicas internas y sus marginaciones

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estructurales. Esta práctica deconstructiva, enfocada en el concepto del habitar, exige reconsiderar la
arquitectura y el espacio no como formas rígidas o técnicas, sino como manifestaciones simbólicas
llenas de poder, lenguaje y memoria. En su ensayo "Construir, habitar, pensar" (Heidegger M. , 1994),
nos hace conscientes de que habitar no se limita a ocupar solamente un espacio, sino que implica
cuidar, pertenecer, estar en el mundo en su sentido más existencial. La deconstrucción del habitar
implica desmantelar las narrativas contemporáneas que lo limitan a un uso o propiedad, para permitir
una interpretación poética del espacio como suceso ontológico. Desde este punto de vista, el habitar
no es un hecho dado, sino una práctica que surge de la profunda relación entre el ser humano y su
ambiente, caracterizada por la temporalidad, la finalidad y la presencia.
Heidegger nos dice que “sólo somos en la medida en que habitamos”, y al deconstruir las estructuras
que normalizan el habitar como mera técnica, nos encontramos con el vacío fundacional que respalda
nuestras formas de estar en el mundo. Por lo tanto, la deconstrucción no destruye el habitar, sino que
lo muestra en su vulnerabilidad inicial, recordándonos que un verdadero habitar requiere apertura,
escucha y reflexión. Es por eso que el espacio deja de ser una simple entidad física para transformarse
en un espacio de acontecimientos, significado y ética. En este contexto, la deconstrucción no es una
negación del habitar, sino su afirmación radical: habitar siempre es una labor no finalizada, una
construcción constante de sentido en el desarrollo de lo humano.
Desde Derrida, habitar ya no se limita a ocupar un lugar arquitectónico, sino que implica adoptar su
apertura, su devenir, su singularidad interna. La vivencia se transforma en una vivencia inestable,
multifacética, atravesada por lo diferente, lo ausente, por lo que no puede ser completamente
adecuada. Por ende, la habitación, o un espacio de arte, ya no es un santuario aislado, sino un texto en
fuga; la arquitectura deja de ser un contenedor de certezas y se transforma en un acto poético, en una
crítica viva, en un acogedor hacia lo incierto. Desde la perspectiva de la deconstrucción, habitar implica
asumir el malestar de no dominar el sentido; es vivir en la brecha entre lo significativo y lo significado,
entre la presencia y la ausencia.

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La deconstrucción nos muestra que habitar no implica poseer o afirmar, sino escuchar; no implica
establecer un sitio o lugar, sino dejar que lo habitable surja en su constante cambio. En consecuencia,
habitar es una acción ética más que técnica: acoger lo imposible sin cerrarlo en forma.
Fase 2: propuesta proyectual deconstructiva
La poética del espacio deconstruido; nuevas narrativas espaciales desde la deconstrucción
Este artículo investiga la aplicación de la estrategia deconstructiva en el proceso proyectual de
espacios de arte (creación y exposición), con el objetivo de comprender cómo esta filosofía puede
transformar tanto la concepción como la experiencia del espectador. A través de un análisis de diversos
casos contemporáneos, se examina cómo la deconstrucción, al desafiar las estructuras y formas
tradicionales, genera espacios dinámicos y abiertos a la experimentación, donde el arte no solo se
exhibe, sino que se integra de manera fluida con el espacio mismo. En este contexto, el concepto de
"habitar" se expande más allá de la mera ocupación física, sugiriendo una relación activa y
transformadora entre los individuos y los espacios de arte. La investigación resalta cómo la
deconstrucción, como proceso filosófico y proyectual, permite repensar los límites y las posibilidades
del entorno expositivo, creando lugares que fomentan la reflexión, la interacción y el constante cambio.
Así, se propone que este enfoque no solo redefine la forma de concebir los espacios de arte, sino
también la manera en que estos son habitados y experimentados por el público.
La esencia del espacio después de la deconstrucción nace de la sospecha hacia las arquitecturas
narrativas heredadas y propone habitar las fracturas, las fisuras, y asumir la inestabilidad como fuente
de sentido. Donde la arquitectura convencional nos ofrecía contornos exactos (pisos, muros, techos,
vanos…), la deconstrucción erosiona esos límites para revelarnos huecos, explosiones, aberturas,
juegos de espacios, superposiciones y pliegues que el discurso lineal había opacado. En este terreno
dinámico, el espacio deja de ser mero escenario y se transforma en protagonista; se convierte en un
ente vivo que cuestiona al sujeto y lo obliga a renegociar el lugar.
Para dejar evidencia de la práctica deconstructiva, se desarrolla un proyecto donde las cualidades
convencionales de los espacios de arte son totalmente cuestionadas y remplazadas por un nuevo
lenguaje y sentido del habitar. Es aquí donde se plantea un nuevo proceso para dar experiencia a

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nuevos espacios. No ajeno a la práctica deconstructiva, en arquitectura es crucial la selección de un
lugar de emplazamiento, un escenario físico sugerido en relación con la concepción teórica que se ha
desarrollado acerca de la deconstrucción. En esta ocasión, ese lugar será el Salar de Uyuni: El Salar es
un espacio casi metafísico; su grandeza, el reflejo y el silencio lo convierten en escenario perfecto para
una intervención arquitectónica con cualidades deconstructivas. Este emplazamiento es ideal, ya que
el espacio mismo repotencia el carácter deconstruido de la arquitectura; en ella se podrá ver el juego
de escalas, la luz, el tiempo y la percepción. No se pretende construir solamente sobre la tierra, sino
también sobre el vacío, la reflexión y la memoria del agua. Las cualidades y componentes naturales
del mismo lugar generan binomios que se requieren para desestructurar, ya sea de manera abstracta o
física, como la estrategia de la deconstrucción demanda. Estos binomios como, por ejemplo, cielo-
tierra, luz-oscuridad, todo-nada, presencia-ausencia, etc., serán de beneficio, ya que repotencian la
esencia teórica para que puedan ser utilizados en el proceso de elaboración del proyecto
arquitectónico.
Comprender el desarrollo de las propuestas experimentales es abrirse al sentir de quienes van más allá
de la repetición de lo conocido, es dejarse atravesar y transformar la mirada, romper los límites y darse
la oportunidad de ampliar nuestra identidad, en nuestro caso arquitectónica. Precisamente, esta
práctica experimental es entregarse a lo indeterminado, permitirse la sorpresa; la afectación y la
búsqueda sin juicio de los métodos hacen parte de este viaje hacia un mundo de nuevas posibilidades
o procesos de exploración. Una de las maneras de generar lenguaje espacial deconstruido puede ser a
partir de la interpretación de una poesía: El poema nos sirve como la manera más subjetiva y la primera
respuesta al tener contacto con el Salar de Uyuni. Esta expresión realizada es la manera más directa
para dar a conocer los fenómenos internos en relación al entorno y un paso para imaginar el objeto
arquitectónico emplazado. Como manera más directa y rápida, servirá para desprender palabras y
cualidades de lo que es el sentir, como creador, artista del espacio. En el poema se generan las palabras
de producción subjetiva y emocional, campo que el de la ciencia no lo explica. Tanto el arte y la
arquitectura como obra de arte en su interior esconden y trascienden el rigor científico racional. Esta
manifestación corresponde a un proceso propio e interno de cada creador al momento de realizar su
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obra. Con esto se quiere decir que este proceso por el cual vamos explorando inicialmente es algo
totalmente subjetivo, ya que no se pretende establecer un “procedimiento” o un modelo a seguir, sino
que es solamente la expresión que se encontró, ya que con esto nos acercamos al ámbito de lo
experimental y es así el inicio de esta exploración.
Figure 1: Bocetos iniciales de exploración arquitectónica en torno a la deconstrucción
Fuente: Elaboración propia

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Estos son los esbozos como testimonio visual del pensamiento deconstructivo aplicado para el diseño
de espacios de arte; lejos de buscar las formas puras y funcionales, se evidencian composiciones
totalmente fragmentadas y caóticas frente al discurso del orden, la simetría y la razón clásica de la
arquitectura. Aquí la arquitectura ya no es contenedor, sino que pasa a ser un acontecimiento; es un
campo de tensiones donde lo simbólico y lo estructural se enmarañan en una dialéctica de lo inestable.
Estos esquemas no adelantan construcciones definitivas, sino procesos de pensamiento que cambian
continuamente, como si la arquitectura debiera adoptar la naturaleza del arte que acogerá: incierta,
crítica, intensiva. Por lo tanto, el dibujo se transforma en un espacio filosófico, y el proyecto se
transforma también en una pregunta: ¿qué puede ser un espacio cuando se desmantelan sus certezas?
Figure 2: Propuesta arquitectónica de espacios de creación y exposición de arte experimental,
emplazados en el Salar de Uyuni
Fuente: Elaboración propia

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Aquí se presentan algunas expresiones que concretan una arquitectura que reta tanto el entorno como
las bases tradicionales del habitar. En el vasto horizonte del Salar de Uyuni, la deconstrucción se
transforma en una acción radical: los volúmenes surgen como fragmentos tectónicos, como vestigios
de un lenguaje arquitectónico que ha sido deliberadamente descompuesto. No es cuestión de formar
figuras, sino de generar intensidades. Cada componente se manifiesta como una interrupción, una
grieta en el silencio del desierto de sal, aportando una poética del desplazamiento, de lo diferente, de
lo que no se ajusta. Los lugares de exposición y creación no se presentan como recipientes neutrales,
sino como entidades expresivas, en conflicto consigo mismas, que acogen trabajos experimentales no
desde la comodidad, sino desde la tensión y el asombro. Las estructuras rechazan seguir jerarquías
visuales o funcionales; en cambio, se adentran en el vacío conceptual, indagando en lo oblicuo, lo
curvado, lo suspendido. La luz entra por casualidad, no por control. En este marco, la acción
arquitectónica también representa una crítica ontológica: ¿qué implica deconstruir en un sitio donde
todo parece infinito, pero nada es permanente? Por lo tanto, estas imágenes no representan un
proyecto finalizado, sino un pensamiento abierto, una demostración visual de resistencia frente a la
clausura del sentido.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La aplicación de la estrategia deconstructiva en el proceso teórico y proyectual permitió reconocer
una serie de hallazgos muy relevantes en torno a la concepción del espacio y su relación con el habitar.
En primer lugar, se evidenció la configuración de un lenguaje arquitectónico no convencional,
dominado por la fragmentación formal, la superposición de elementos, la dislocación estructural y la
ausencia de jerarquías compositivas tradicionales. Estas características se materializan tanto en los
bocetos iniciales como en la propuesta arquitectónica final. En este sentido, la investigación evidencia
que la fragmentación, la indeterminación y la ambigüedad no representan una falta de orden, sino una
estrategia proyectual direccionada a la apertura del significado y a la multiplicidad de interpretaciones.
Esto coincide con los fundamentos teóricos de la deconstrucción, donde el sentido no es fijo ni cerrado,
sino desplazado y reconfigurado constantemente.

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En segundo lugar, los resultados muestran una redefinición del espacio arquitectónico como
experiencia, donde la arquitectura deja de operar como un contenedor funcional para constituirse
como un sistema abierto que posibilita múltiples recorridos, percepciones y experiencias entre el
usuario, la obra y el entorno. La propuesta arquitectónica demuestra que el espacio de arte puede
trascender su condición de soporte expositivo para convertirse en un agente activo dentro de la
experiencia estética, generando una relación más compleja entre sujeto, objeto y entorno.
Asimismo, se identificó que el emplazamiento en el Salar de Uyuni actúa como un factor determinante
en la construcción del sentido espacial, potenciando los principios deconstructivos mediante
condiciones como el vacío, la reflexión y la ambigüedad perceptiva.
Además, obtenemos que los medios de exploración empleados como el boceto, representación gráfica
y aproximación poética funcionan como herramientas metodológicas de generación proyectual,
permitiendo la traducción de conceptos abstractos en configuraciones espaciales concretas.
En conjunto, la investigación aporta una visión alternativa del espacio arquitectónico, entendiéndolo
como un sistema abierto, inestable y en constante proceso de resignificación. La deconstrucción, en
este marco, no se limita a una operación formal, sino que se consolida como una herramienta crítica
para expandir los límites disciplinares de la arquitectura.
CONCLUSIONES
La deconstrucción, lejos de ser una teoría filosófica, y más allá de ser una estrategia formal o estética
en las artes y la arquitectura, se ha revelado como un generador radical de conocimiento, pensamiento
y experiencia demasiado sensible. En su tarea de transgresión a los lenguajes normativos, abre campos
inmensamente amplios donde las artes y la arquitectura dejan de ser disciplinas dogmáticas y se
convierten en disciplinas para devenir prácticas transgresoras y críticas. Deconstruir es también
deshabitar lo impuesto, desafiar todos los límites ontológicos del espacio: es dar lugar a que emerjan
nuevos lenguajes y narrativas desde los fragmentos, de lo inacabado.
La poética del espacio deconstruido no busca respuestas, sino que multiplica las preguntas. Crea
incertidumbres, formas de ver, de pensar, de habitar. Es por ello que un espacio de arte deconstruido
desde esta perspectiva no se limita a contener obras, sino que ellas mismas se vuelven arte,

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provocación y acontecimiento. En esta mirada, la deconstrucción no rechaza la historia, lo vuelve parte
de ella y la descentra: no destruye el habitar, lo reinventa.
Esta perspectiva nos sitúa ante la necesidad apremiante de reconsiderar nuestras estructuras mentales
y materiales. No como un gesto de rechazo, sino como una manifestación ética y estética de apertura,
en la que lo incierto, lo inestable y lo demás hallen finalmente un lugar desde donde ser escuchados.
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